El Blog de Rafael DE LOMA

Yo también quiero mi iPad

Para quienes, pertinaces e inasequibles al desaliento, seguimos en la comunicación, es un poco coñazo vivir pendientes de los avances tecnológicos que debemos incorporar para no quedarnos atrás como usuarios obsoletos. A legiones de incipientes internautas, por el contrario, les excita lo novedoso y sólo viven para mejorar su software. Ellos son felices con la aparición de nuevos ingenios electrónicos, bellos por fuera y diabólicos por dentro, como, por ejemplo, el iPad, una fina y estilizada tableta con la que te enchufas a la red, en la que puedes leer libros y periódicos on line y en la que dispones de diez horas seguidas para ver películas. Ideal para ampliar y popularizar el negocio de la prensa y los libros digitales y para atraer a gente adulta a la práctica cibernética y, sin embargo, no lo más idóneo para hablar por teléfono.
La aparición de productos Apple Macintosh (Mac) suele despertar máxima expectación. Ya ocurrió con el iPhone, un suceso de amplia resonancia que convulsionó la telefonía móvil y que marcó tendencias. Y antes, con el iPod, que revolucionó los reproductores de música. Hace unos días, la firma de Steve Jobs presentó su invento tras un suspense de meses y ya hay millonarias listas de espera en el mundo entero para hacerse con esta mágica piececita de 25 centímetros. En el haber de este nuevo santo Job (al que “The Economist” reproduce como el Moisés de los nuevos mandamientos) figuran ordenadores muy chulos como el iMac, el iBook o el MacBook, con los que se ha ganado la fidelidad de medios de comunicación y de profesionales. La prestigiosa revista llama a este invento “La tableta de la esperanza”. Reproduzco arriba la parte principal de la portada
Si me gustó Mac desde el principio fue por sus intentos denodados de aplicar a sus primeros programas informáticos de prensa las tradicionales normas estéticas de composición y confección (hoy decimos maquetación) que habían dado a la imprenta durante siglos el justificado sobrenombre de artes gráficas, mandamientos de refinado gusto que por cierto aún se mantienen frescos y vigentes. Ningún otro sistema se esforzó tanto por basar sus adaptaciones (la primera versión de QuarkXpress se generó en exclusiva para Apple Macintosh a últimos de los ochenta) partiendo de informes precisos de grandes expertos de la tipografía convencional.
Desde el lado profesional, abrazar las nuevas tecnologías no es fácil. Suele acarrear traumas laborales, especialmente cuando llevas años trabajando de una forma específica y de pronto, de la noche a la mañana, te lo cambian todo y te encuentras con que no sabes nada. No hablo de las variaciones que se suceden en los avances actuales. Eso está chupado, una vez dentro del sistema. Hablo de cambios estructurales que, cada cierto tiempo, pasan por encima tuya como una apisonadora.
Nosotros fuimos, en “Sol de España”, de los primeros diarios españoles en adoptar las nuevas tecnologías de impresión y composición, con tanto afán, prisas e imprudencia que faltó ná y menos para que un ciclón llamado off-set nos llevara por delante. Algún dios mayor evitó milagrosamente el cierre definitivo del periódico, perdonando la osadía de la empresa, empecinada en hacerlo todo a un mismo tiempo: traslado de ciudad (de Marbella a Málaga), sustitución de linotipias por ordenadores IBM y cambio a nuevo sistema de impresión dejando atrás estereotipias, fresas y tejas de plomo. Aquella catastrófica gestión empresarial arruinó lo que pudo haber sido el relanzamiento de nuestro “Sol”. No obstante, los lectores también fueron nuestros dioses benevolentes cuando, pese a todo, conseguimos quedarnos con la copla y pudimos reiniciar un camino de hitos periodísticos. Pero yo no quería hablar de esto. Ya me he desviado otra vez hacia atrás. Pretendía sólo reflexionar acerca de la nueva herramienta de Mac, la superfamosa tableta, que se convertirá inmediatamente en la “politeca” portátil con la que accederás al resto del mundo desde cualquier rincón. Pero ya está dicho todo, lo bueno y lo no bueno del iPad. ¿Les gusta la palabra “politeca”?
Yo también quiero mi iPad. ¡Me lo pido!

Un comentario to “Yo también quiero mi iPad”

  1. Lisardo dice:

    Yo ya he reservado el mío.
    Me encanta la polémica en la que siempre anda envuelta la compañía de California. Ahora no incluyendo el Adobe Flash de serie y causando que los críticos del sector se rasgan las vestiduras.
    Recuerdo cuando salió el primer iMac y Apple se atrevió a quitarles la disquetera. En el momento sonaba a locura. ¿Quién va a comprarse eso?, decían.
    También fueron las primeras máquinas en llevar wifi o sólo puertos usb, cuando el 99% del mundo civilizado tenía el obsoleto puerto paralelo.

    A veces se me olvida qué me gustaba tanto de Apple. Y es que sea por lo que sea, es una empresa que siempre mira para adelante. Independientemente de que sus decisiones sean políticamente correctas o no.

    Como curiosidad aquí te dejo el curriculum de Steve Jobs :

    http://homepage.mac.com/steve/Resume.html

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