Vuelva usted Mañana

Yo sigo siendo de la “Roja”

La paliza que nos dio Estados Unidos la noche pasada en Sudáfrica ha sido como un mazazo en todo lo alto de nuestra subida moral futbolística. Ahora sabemos de verdad qué es lo que sienten los seguidores brasileños (la famosa y alegre “torcida”) o los aficionados italianos (los engreídos “tifossi”) cuando sus respectivas selecciones nacionales de fútbol, tan acostumbradas a ganar títulos, pierden un partido importante. Hasta esta noche pasada no sabíamos –es un decir- que los campeones también pierden porque otros equipos pueden hacerlo mejor en un partido determinado. Nos habíamos olvidado de que, antes de lo de Alemania, éramos unos internacionales pringaillos, futbolísticamente hablando.

Después de una racha histórica de victorias, España cayó ante una Selección no considerada favorita.  Para quienes el fútbol es algo consustancial con nuestra propia vida, como es mi caso –fino delantero infantil y juvenil, desperdiciado para la historia por enclenque-, el fútbol pasa continuamente por encima de la lógica. Mijatovic, ante cualquier derrota insospechada, lo resumía brillantemente: “fútbol es fútbol”. A quienes más les extraña que el campeón pueda caer es a los que no conocen en profundidad cómo es este deporte, a los que se suman al carro triunfador, a los que no caen en la cuenta de que cuando un equipo se echa para atrás es porque el otro se echa para adelante, a los que desconocen que la fortuna juega un papel destacado en un dudoso fuera de juego, en un tiro truncado delante de los siete metros y pico de portería, a los que ignoran, en suma, que también en fútbol una mala tarde, o una mala noche, la tiene cualquiera.

La actual selección española, la “Roja”, ha reunido méritos suficientes para pasar a la historia de nuestro fútbol. Caer en unas semifinales de un torneo internacional, no comparable con un Campeonato de Europa ni mucho menos con un Mundial, es duro para un equipo favorito, pero –digamos ya la frase clásica- ahí está la grandeza del fútbol…

Estoy convencido de que los jugadores han sentido seriamente el dolor de la derrota. Ellos conocen como nadie la veleidad del fútbol. Más fuerte, en cambio, ha resultado ese dolor entre los nuevos aficionados, los que siguen a “La Roja” desde que es campeona. Ellos deben aprender a considerar los valores que encierran la ética del perdedor. Además, si no hay derrotas, las victorias tienen mucho menos mérito. Reniego de quienes se rasgan ahora las vestiduras y arremeten contra un equipo que lleva años dándonos satisfacciones y partiéndose el alma por nuestros colores.

Yo sigo siendo militante de mi selección. Y sigo confiando en sus grandísimos jugadores. Y creo que hasta podemos ganar la Copa del Mundo en 2010, allí, precisamente, en Sudáfrica.

¿Tú no lo crees?

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