La palabra caballa creció conmigo, desde que nací en Ceuta, con la misma naturalidad que las palabras mar, puerto o Estrecho, tan vinculadas todas ellas a la ciudad. Luego, cuando el Destino me hizo cruzar el charco, ya no me resultaba familiar, repetida, y entonces la echaba mucho de menos y me daba cada vez más alegría leerla o escucharla. Internet ha obrado el milagro de que, sin estar allí, uno pueda vivir la cotidianidad de su tierra, que es lo que me ocurre a mí con mi querida Ceuta. La Prensa local digital, las páginas webs y la enorme cantidad de interesantísimos blogs me mantienen al día, amen de las redes sociales, especialmente Facebook, en las que florece la palabra Ceuta en grupos de millares y millares de amigos. Por eso ha vuelto al redil íntimo la palabra caballa, que toma su nombre del pez teleósteo que se dio en abundancia en las costas ceutíes, a pesar de que el diccionario lo sitúe únicamente en el Atlántico Norte.
Caballa es el gentilicio coloquial de los ceutíes, que, por cierto y por eso escribo este post, acaba de conquistar los honores de su reconocimiento por parte de la Real Academia de la Lengua. No ha tenido más remedio la R.A.E. que aceptar el dictamen popular, aunque creo que ha tardado demasiado, porque, como afirma el cronista oficial de Ceuta, José Luis Gómez Barceló, el término tiene más de un siglo de antigüedad.
La noticia, cómo no, la leo en la prensa ceutí, concretamente en “El Faro”, en el que, apenas adolescente, comencé a escribir el relato periodístico de mi vida. Allí, en aquella Redacción, bromeábamos con los gentilicios populares, por ejemplo el de Tony de la Cruz, el popularísimo Tony, que, natural de San Fernando, era “cañaílla”, o el de Juan José Palop, que era malagueño y, por lo tanto, “boquerón”, o el de Martínez Arroyo, “gato” madrileño.
Por aquel tiempo, el Ayuntamiento y algunos otros organismos y asociaciones de la ciudad solían usar como distinción cuasi oficial la “caballa de oro”, un pin precioso que me fue concedido, por exceso de magnanimidad municipal supongo, y que conservo con especialísimo cariño. Alguna cervecería, creo recordar, llevó también como nombre tan dorado pez.
Y para muestra de la importancia que se le da en Ceuta al gentilicio caballa diré que el más importante personaje de comic que hubo jamás en la ciudad es “Pepe Caballa”, siempre acompañado en las viñetas de su inseparable pavana. La pavana (gaviota, para los no ceutíes) es otro símbolo local. Ambos personajes, Pepe Caballa y su senequiana pavana, creados por mi amigo el dibujante Vicente Alvarez Navarro, protagonizan, crítica y gráficamente, la vida diaria de la ciudad, conformando una auténtica intrahistoria que algún día servirá para saber cómo era la Ceuta actual. En tan alta estima popular se tiene a estos personajes que hasta fueron inmortalizados en bronce en un gran bloque escultórico cincelado por el artista Carlos E. Iglesias Sánchez y ubicado en una rotonda del puerto. En la foto que ilustra este post vemos esa escultura de Pepe Caballa y su pavana, que en realidad es un monumento al talentazo de Vicente Alvarez, un pedazo de caballa con el que tuve el privilegio de compartir afanes periodísticos en un tiempo más joven.
Vicente: ya estamos en la Academia. Joé, lo que ha tardao esta gente….
Según he leido, mi padrino, que fue Francisco Romero Rodriguez, a la sazón Presidente del Centro de Hijos de Ceuta, fue el precursor de la “Caballa de Oro” como distintivo para reconocimiento de ceuties en pro de su ciudad.
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