Ha muerto a los 92 años y hacía veintitantos que no ejercía. Sin embargo, su desaparición ha conmocionado a la sociedad estadounidense y nos ha hecho recordar a los periodistas de todo el mundo que el buen periodismo nunca muere. Y es que la figura de Walter Cronkite (“Tío Walter”) deja una estela indeleble por profesionalidad, brillantez, valentía, hazañas informativas y ejemplaridad. Su poder de influencia –el único poder real que ejercita la Prensa- quedó demostrado con un comentario en su programa diario de la CBS, tras visitar el infierno de Vietnam, que convenció al presidente Johnson para no presentarse a su reelección. Antes que eso, había hecho llorar a América cuando, en 1963, también con lágrimas en sus ojos, interrumpió el programa para informar del asesinato de John Fitzgerald Kennedy. A través de su voz potente y de sus rigurosas y medidas palabras conocieron los americanos noticias trascendentales como las de la carrera espacial, el atentado contra Luther King, las derivaciones del escándalo Watergate, los conflictos de Oriente Medio…
Siendo un adolescente, y sin acabar sus estudios periodísticos en la Universidad de Texas, empezó a trabajar como reportero en el “Houston Post” (casi siempre es la Prensa escrita la gran cantera), aunque los trabajos que le valieron para cimentar su prestigio los realizó como intrépido corresponsal de guerra, cubriendo para la agencia United Press los frentes de la Segunda Guerra Mundial.
Su salto a la televisión fue de la mano de Ed Murrow, otro legendario periodista televisivo, que lo contrató en la Columbia Broadcasting System (CBS), primero como redactor, luego como redactor jefe y en seguida como presentador del informativo que, a la postre resultaría, durante diecinueve años ininterrumpidos, el más visto de América. Llegó a tener en algunas emisiones estelares hasta setenta millones de telespectadores.
Hizo célebre su despedida diaria: “Y así son las cosas”, traducción comúnmente aceptada de la original “And that´s the way it is”, de igual forma que su mentor, Edward Murrow, en lucha permanente contra la “caza de brujas” del senador ultra conservador McCarthy, había popularizado anteriormente la famosa “Buenas noches y buena suerte” (“Good night and good luck”).
Hasta 1981, año en que decidió dejar su noticiario, nos llegaban a los periodistas españoles, como a los del resto del planeta, los ecos del crédito y la ética de aquel hombre. Ningún otro periodista ha alcanzado mayor credibilidad en la televisión que Walter Cronkite, Nadie ha conseguido dictar más clases prácticas del mejor periodismo. Fue siempre objetivo, brillante, valiente. Por todo eso es por lo que, a pesar del tiempo transcurrido desde que no ejercía, su figura no ha mermado en absoluto, antes al contrario, se ha agigantado hasta erigirse en el máximo exponente del buen quehacer profesional.
Desde este humilde blog, mi modesto reconocimiento y homenaje a un periodista legendario, paradigma de la profesión, cuya biografía debería ser asignatura para quienes se inician en este oficio.