La ONU ha emitido un nuevo informe del Índice de Desarrollo Humano, que es el ranking de los países con mejor o peor calidad de vida. España, puesto número quince entre 182 naciones, se sitúa en el grupo de los que mejor viven del mundo, por encima de Italia, Reino Unido, Bélgica o Dinamarca. Jolines, no está tan mal, si tenemos en cuenta dónde estábamos hasta hace bien poco. Para el diagnóstico, cuyos datos finales son anteriores a la crisis mundial, se han tenido en cuenta la renta per cápita, la educación y la esperanza de vida. Primer país: Noruega. Último país: Níger. País del salario más bajo: República del Congo. Como siempre, Africa a la cola del desarrollo y a la cabeza del sufrimiento.
Vamos a divagar sobre la calidad de vida ¿A qué llamaríamos vivir bien?, ¿simplemente a satisfacer necesidades vitales y caprichos materiales, sin preguntarnos a costa de qué? Seguramente esa es la clave del ranking. Pero quizá vivir bien sea otra cosa; por ejemplo, estar en paz con uno mismo y con los demás, disfrutando de un entorno natural y social no contaminados. En ese caso, se trastocarían los puestos del ranking porque estaríamos llamando calidad de vida a no padecer estrés, avaricia, egoísmo, envidias, ansiedades, falta de solidaridad. A lo mejor encontraríamos más felicidad en un país pobre que en Noruega. Vivir bien, ¿es tener un trabajo y sacar adelante con dignidad a tu familia, a tus hijos, o, por el contrario, es ir directamente a lo tuyo sin detenerte a mirar lo que pasa a tu alrededor?
Para algunas sociedades (la nuestra, por ejemplo, cada vez más norteamericana), el símbolo de la felicidad vital es la uniformidad del chalet adosado, la barbacoa de fines de semana con la familia y salir de compras a los grandes almacenes; para otras sociedades, es simplemente tener algo con qué alimentarse cada dia. Para unos, es el coche; para otros, estar sanos y tener fuerzas para caminar por senderos sin asfalto.
Ellos, los del otro mundo, sacrificarían sin pensárselo su forma de vida tranquila y pausada y se integrarían con nosotros a nuestro sinvivir de manera inmediata, si pudieran. De hecho, lo intentan hasta morir. Pero eso no puede ser, porque entonces dejarían de existir las categorías y no habría ranking de la ONU. Y sin países pobres, ¿cómo existiríamos los países ricos?
Está claro que nada en el mundo existe sin su antónimo. Si la clase poderosa, podemos llamarla Norte, en honor al recientemente desaparecido Benedetti, existe, es porque ha tenido desde hace siglos la innoble capacidad de pisotear a la clase de “los desheredados de Dios” o Sur. Si la Guerra existe es porque un día hubo algo llamado Paz.
Yo he llegado a la conclusión, después de muchos cabreos vitales y de bastantes decepciones a lo largo de mi singular existencia, que “vivir bien” es ser consecuente con tus ideas, tener un punto de locura, cauto con tus ganancias, hacer de tu casa tu hogar y la familia centrarla en tu pareja, la demás mientras más lejos mejor.
Nos quejamos de nuestras carencias por necios, por amorales, porque en el fondo no dejamos de ser unos mal criados que arrastramos un ego tan grande como la cadena de un preso y nos creemos el ombligo del Mundo, el centro del Universo.
Si no hicieramos todo tan complicado y tuvieramos todos un “sureño” dentro… el mundo no sería la mierda que es.
“Que el mundo es y será una porquería, ya lo sé en el 506 y en el 2009 también…”
saludos.