Es que no paran de liarla. Ahora les ha dado por querer involucrar a las cofradías de Semana Santa para que éstas expresen públicamente su rechazo a la nueva ley del aborto. Pretenden que en las procesiones se luzca el lazo blanco. En mal sitio han ido a poner la pica. En las procesiones de la Semana Santa. ¿Serán conscientes estas criaturas de la importancia económica que suponen esos días para Andalucía?, ¿han pensado en lo que derivaría un enfrentamiento social y un desmerecimiento de las procesiones?, ¿saben cuánta gente come de esto?
Hay que puntualizar. No es la Iglesia. Son algunos obispos de la Iglesia, los más ultras, y sus adláteres. Los de siempre. Los del pecado y la hipocresía. Los de la manipulación. Crean la confusión para salir ganando del miedo impuesto. Quieren volver a debatir sobre lo que ya hace años quedó resuelto y aceptado mayoritariamente. Quieren liarla otra vez. Pero para mí que se han equivocado de pe a pa. Las propias cofradías se han opuesto a politizar los desfiles. Y han hecho muy bien.
En los meses previos ya se respira en las ciudades andaluzas (en Málaga y en las otras capitales, muy especialmente) lo que, desde tiempos inmemoriales, se llama popularmente el “ambiente semanasantero” y el “fervor cofradiero”, que vienen a ser los preparativos, las novedades, los itinerarios, los alicientes de los siete días. También, la hostelería se prepara ante la avalancha. La Semana Santa en Málaga es un turismo de la propia capital. Hablamos de algo muy serio. Se movilizan centenares de miles de personas y millones y millones de euros.
Recuerdo bien que, cuando, en 1979, los socialistas ganaron aquí las primeras elecciones municipales de la Democracia, llegaron hasta mi despacho de director de “Sol de España” multitud de mensajes de preocupación, expresados por hermanos mayores o cofrades, temerosos de que los “rojos” prohibieran la Semana Santa malagueña. Hasta ese punto llegaba la neurosis arrastrada de la guerra civil. Más de uno argumentaba su miedo rememorando la quema de iglesias y conventos y el destrozo de imágenes del año 31. Pues no. No pasó nada de eso. Al contrario. Los “sociatas” no sólo no acabaron con los desfiles procesionales sino que podrían haber llegado a ser víctimas de ellos, tal fue el énfasis de su integración en el cortejo y la importancia de su extraordinaria ayuda y promoción. A partir de ahí empezó el apogeo sin precedentes de las procesiones. Nunca he sabido a ciencia cierta si es que se aplicaron el viejo adagio que dice: “si no puedes con tu enemigo, únete a él” o es que decidieron, con buen criterio, que con las cosas de comer no se juega.
Si yo fuera obispo, haría como hicieron los rojos. Exageradillo, ¿no?, llamar rojos a los socialistas…