El Blog de Rafael DE LOMA

Una España de Cine. Artículo 24 – El salario del miedo

Tienen que soportar, qué remedio, que algún demagogo les llame parásitos, que algún político les califique de vagos, que mucha gente les considere pícaros, pero ellos sólo son parados, víctimas, como siempre, de las crisis, y su desgracia, su delito, es no encontrar trabajo, y su desconsuelo es no encontrar comprensión.

Los doctores de la economía, mire usted, como ya no tienen nada que recetarles, les han diagnosticado un paro, una parálisis, permanente, y muchos de ellos saben que ya nunca más van a trabajar, y esa condena, que antiguamente era una bendición, es hoy su inmerecida maldición. La brújula económica se ha vuelto local, los dineros fáciles han desquiciado el mercado, los políticos se pelean entre ellos, los otrora llamados capitanes de empresa sólo se preocupan de controlarlo todo, el poder, la información, y, entre todos, van sembrando el camino de nuevas legiones de parados.

Nunca como ahora tuvo tanto valor un puesto de trabajo, nunca como ahora cayeron tantas pequeñas empresas, nunca como ahora treparon tanto los listos, nunca como ahora se sembró la desesperanza. Se crean nuevas normas no para que haya más trabajo sino para que los que sólo disponen de un subsidio miserable se vean imposibilitados de buscar las pesetas que les faltan para dar de comer a su familia. Se persigue con saña la pequeña triquiñuela de la socorrida y necesaria chapuza, esa ayuda insignificante que pueda paliar la poca sustancia de la ayuda por desempleo, pero no se hace nada por detener la marcha imparable de los grandes trusts financieros, esos que hacen su agosto y después dejan a miles de hombres y mujeres sin sueldo y sin futuro. Se reprime, como siempre, a quienes menos posibilidades tienen, y se les mira fiscalmente con lupa las nóminas, pero no se hace nada contra los Bancos, que te fríen, ni contra quienes desmantelar las fábricas ni contra quienes, pisando por entre las ruinas de la crisis, aumentan sus patrimonios y decoran el paisaje con los colores de la corrupción.

La estadística negra del número de desempleados ha disparado las cifras. No es cierto nada de lo que nos vaticinaron. No se tocó fondo. No vemos la salida del túnel. No hay esperanza alguna de que este infierno económico dé paso al prometido paraíso. Todo eran promesas y engaños. ¿Y quiénes pagan los platos rotos? ¡Qué pregunta más tonta! ¡Los de siempre!, ¿quiénes si no?

El miedo por conservar un trabajo, por evitar una rescisión del contrato temporal, sólo es comparable a la sicosis de los pequeños empresarios, a los que se les aparece cada día, al abrir sus negocios, el fantasma del cierre.

Unos cuarenta mil parados han sido sorprendidos, in fraganti, en el espantoso delito de conseguir –trabajando, no robando– unas monedas con las que poder completar la ridícula cantidad del subsidio. Se ha abierto la veda. Se ha decretado la caza y captura de los parados. Qué se habrán creído estos parados. hasta ahí podíamos llegar. Y también se les va a dar caña a los desaprensivos empresarios –seguramente pequeñísimos y desesperados empresarios– por aprovecharse para no pagar impuestos.

Quieren hacernos ver que la crisis existe porque hay demasiada economía sumergida, demasiado parado en los semáforos vendiendo tabaco de contrabando, demasiado pequeño negocio bajo cuerda, como si no supiéramos que la economía sucia está en la superficie y no sumergida.

Deberían, para no irritarnos más, dejar de hablar con palabras rimbombantes de tanto Estado del bienestar. Y deberían estar agradecidos de la santa paciencia de los parados. Y de las familias de los parados. Y no jugar más con el miedo que cada vez más gente tiene a perder el tesoro ansiado de un modesto salario.

(Artículo publicado en “Diario 16”, correspondiente al libro “Una España de Cine” -columnas de actualidad con títulos cinematográficos-, en los años previos al Centenario del Cine en nuestro país (1996). Era mi modesto homenaje al celuloide. Ha pasado tanto tiempo y, sin embargo, siguen vigentes muchos de estos artículos sobre cuestiones de la vida nacional.)

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