Hay dos economías en nuestra sociedad: la de arriba y la de abajo. Los que se manejan con la de arriba acusan a la de abajo de estar sumergida, pero los de abajo saben muy bien que, o se sumergen aguantando la respiración, o se mueren de hambre; no están las cosas para tiquismiquis y tonterías. De qué, si no, va a aguantar el país a tres millones de parados. Todo el mundo lo sabe, el Gobierno el primero, y todo el mundo hace como si no lo supiera, menos cuando, en un arrebato previo a pactos y componendas sociales, arremete el ministro del ramo contra quienes, estando en el desempleo, buscan una ayuda económica en la economía de abajo.
Economía sumergida, dinero negro, no son términos ocultos ni carcelarios; son conceptos utilizados cotidianamente en la calle, en los grandes y en los pequeños negocios. Hay que escaquear facturas, es el pan nuestro de cada día, dejar el IVA aparte, pero bien aparte, mover el dinero sin papeles, es lo que hacen todos, en primer lugar los gordos y, por mimetismo, los pequeños. Pero el ejemplo, ojo, viene de arriba…
El Estado compra una colección pictórica y paga por ella una barbaridad de millones y, encima, libera del pago de impuestos a quienes han recibido esos millones. Eso, en el idioma moderno de la economía, es pagar con dinero negro. Pues si el Gobierno paga con dinero negro, ¿por qué regla de tres el pequeño comerciante tiene que dejar huella fiscal de todos sus pequeños negocios, emitiendo factura, pagando IVA, etcétera?
La hipocresía social, todos participando del mismo manejo, la ha roto, ya digo, el Gobierno al querer meter mano, como hace siempre, al más débil: el parado, como si evitando que un padre de familia con un subsidio raquítico busque una ayudilla (mediante la chapuza), se fueran a solucionar todos los graves problemas de la gran crisis.
En las operaciones de las grandes empresas, y muchas veces de la Administración, se generan comisiones muy altas, de muchos ceros, y ahí se producen, se han producido, corrupciones que luego salen en los periódicos, y a esos dineros sí habría que llamar dineros negros, pero en tales casos se habla de responsabilidad política, se deja el escaño o el despacho y a otra cosa, mariposa.
Este es el país de los despropósitos. La televisión pública hace lo que normalmente tendría que hacer la privada. Y viceversa. La derecha política proclama fórmulas de izquierda, en tanto la izquierda hace política de derechas.
Cuatro mil fortunas españolas estarán exentas del impuesto del patrimonio (el pretexto es que se trata de patrimonio productivo), pero que nadie piense, cuando se estudie la Historia de este momento de España, que esta ley la propone un gobierno de derechas, nada de eso; lo propugna, y lo aprueba, un gobierno de izquierdas. Y todavía, para mayor inri, para mayor incompresión de quienes, desde fuera, nos miren con curiosidad, los de derecha protestan airadamente por esas deferencias hacia los más ricos.
Los de la economía de abajo, a la vista del panorama, tienen que montárselo como sea. La gente tiene que vivir. Por mucho que un Gobierno, presumiendo de que estruja la esponja de los presupuestos para chorrear un subsidio a los parados, estipule una cantidad, la verdad incuestionable es que esa cantidad es insuficiente. Hay que arrimar de donde sea, por encima de cuanto pueda decir el señor ministro o el señor presidente.
Y si hay dos economías, una a la vista y otra bajo agua, la culpa, por supuesto, no la tienen los parados. Después de todo, menos mal que hay una economía sumergida, y gracias a ella trapichean, viven y comen algunos millones de españoles, que si no, ¿imaginan ustedes la que podría liarse aquí?
(Escrito correspondiente al libro “Una España de Cine” (año 1996), publicado en años previos en “Diario 16” en forma de columna diaria. Era mi homenaje, en aquellos años previos, al Centenario del Cine en España. Ha pasado tanto tiempo y, sin embargo, siguen vigentes muchos de estos artículos sobre algunas cuestiones de la vida nacional.)