Vuelva usted Mañana

Una España de Cine. Artículo 19 – El Club de los Poetas Muertos

La dignidad y el orgullo, méritos latinos, al contrario que la soberbia, defecto anglosajón, han determinado desde siempre la fachada impresionante de nuestra pobreza. Nuestros pobres han sido toda la vida pobres orgullosos y pobres dignos, nunca pobres despersonalizados o pobres desgraciados, pero los tiempos cambian. Todo cambia. Ahora, los pobres, nuestros pobres, han recibido el zarpazo despiadado de la competencia desleal e ilícita, la competencia de los todavía más pobres inmigrantes.

Algo había que hacer ante tanta avalancha de nuevo personal. Las calles de nuestras capitales, con Madrid a la cabeza, están ya tomadas militarmente: bocas e interior del Metro, cafeterías, plazas, parques, jardines, puertas de cines, teatros, discotecas, pero al decir militarmente me refiero a las legiones de mendigos que las pueblan, mendigos procedentes, en su mayoría, de países africanos y de países hispanoamericanos, gente menesterosa, gente necesitada, gente que viene huyendo del hambre y de la injusticia y que tal vez esperaba encontrar aquí un paraiso de trabajo y de respeto.

Las inmensas salas de los aeropuertos, las estaciones marítimas, las estaciones de tren, albergan a multitud de nuevos pobres que se acercan a tu supuesta generosidad con mil procedimientos para engatusarte: una historia lacrimógena, un toque de acordeón, un niño que pasa frío, lo importante es sorprenderte con algo nuevo, la competencia es feroz, el mercado se empequeñece, no hay nuevos lugares para pedir, pero sí hay cada vez más gente pidiendo. La alarma de la sobreocupación, el overbooking, ha sonado y es preciso hacer algo. Si los pobres, nuestros pobres, pudieran reunirse en consejos de administración y en juntas generales, y hacer como hacen los ricos, esto es: eliminar a la competencia mediante opas hostiles, lo más probable es que los pobres del Tercer Mundo que nos invaden estuvieran ya de vuelta a casa, pero como no es así, como resulta que el desempleo, el paro, ha mordido también en la yugular a los pobres, que ven cada día cómo pierden su esquina, su puente, su sitio de siempre, el problema ha cobrado una nueva dimensión.

Y es por todo esto por lo que el pobre español ha echado mano a la imaginación, visto que las autoridades no les van a arreglar su problema. Puede que el pobre español no tenga talento suficiente para crear el mimo callejero, o el payaso, que consiguen, a través de la sonrisa, las monedas suficientes para comprar el almuerzo, o tal vez tampoco sea capaz de llegar al sacrificio del hombre estatua, que está más de una hora sin moverse, con la bandeja de pedigüeño a sus pies, en plena Gran Vía, soportando la admiración mezquina de los transeúntes y los curiosos. Puede, incluso, que nuestros pobres españoles no tengan al alcance de sus habilidades la vocación musical de sus competidores de la América española. . .

Pero, ¿para qué –se preguntan nuestros pobres– recurrir a costumbres de allende los mares: para qué buscar fuera lo que podemos tener dentro? ¿No somos un país culto, un país ilustrado? Pues echemos a volar la imaginación por los caminos de la cultura.

Una nueva figura ha surgido en la noche madrileña: la figura del mendigo poeta. Se trata de un personaje silencioso, digno, discreto, que se te acerca con un block de notas en una mano y una pluma estilográfica en la otra. Al principio puedes confundirlo con un extraño camarero de sala, pero pronto descubres que el vate ha volcado su inspiración en tí y que, en el papel que te entrega, hay un verso de amor y de esperanza.

No sé si es que la Cultura ha llegado a la pobreza o es la pobreza misma la que ha tomado a la Cultura. En cualquier caso, bienvenido sea el nuevo club de la noche.

(Escrito correspondiente al libro “Una España de Cine” (año 1996), publicado en años previos en “Diario 16” en forma de columna diaria. Era mi homenaje, en aquellos años previos, al Centenario del Cine en España. Ha pasado tanto tiempo y, sin embargo, siguen vigentes algunas cuestiones de la vida nacional.)

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