Vuelva usted Mañana

Una España de Cine. Artículo 15 – Días de vino y rosas

El turismo se inventó en Andalucía, es bien fácil de demostrar, hace algunos miles de años, los mismos que llevan generaciones de tontos ilustres intentando cargárselo. A Andalucía llegaron, desde todas las épocas y latitudes, los pueblos más inquietos, belicosos o comerciantes, y todos decidieron quedarse aquí a tomar el sol; he ahí, simplificada, la historia del primer destino turístico mundial, al que todavía siguen llegando oleadas de ciudadanos del mundo que sólo buscan un poco de tranquilidad, otro poco de buen tiempo y el encuentro con una filosofía ya vieja con la que enfrentarse sin ninguna prisa al reto de las horas de cada día.

El turismo se hizo industria, y España, y con España Andalucía, se irguió en posición privilegiada dentro del mercado mundial. En el último año han visitado nuestro país más de cincuenta y siete millones de extranjeros, un tres y pico por ciento más que el año anterior, casi dos millones de visitantes más de los recibidos en el año de las luces, las expos, las olimpíadas, los cachondeos y las comisiones.

Me constan los esfuerzos que se han hecho, con tesón y perseverancia, durante años, durante décadas, para cargarse al turismo; me constan las negligencias, las incompetencias, las obstrucciones para un mejor desarrollo de un sector económico en alza. Lo intentan, desde la ignorancia y desde el esnobismo, se empecinan en no dar al turismo la importancia que el turismo tiene… Pero el turismo, sano como una pera, sigue su ritmo de crecimiento.

Ahora mismo, en este instante, las perspectivas son sencillamente extraordinarias. Vamos a recibir más turistas y vamos a generar más divisas que nunca en el año que corre. Y no sólo, aunque algo sí, por la degeneración de algunos de los destinos que compiten con el nuestro; y no sólo, tampoco, por la depreciación, aunque algo sí, de la peseta.

Yugoslavia, rota en mil pedazos y ardiendo en una espantosa guerra civil, ha dejado de ser un país competidor, justo cuando empezaba a cobrar fama mundial. Argelia y Egipto sufren el virus mortal del fundamentalismo religioso que ataca y mata a los infieles que osan visitar sus lugares. Y Miami, al otro lado del océano, lo tiene difícil con las bandas de delincuentes que roban y asesinan a los turistas. ¿Quiere decir esto que, de no ocurrir todas las citadas desgracias en los citados países, España no tendría idénticas perspectivas? Estoy convencido de que el «destino» que España ha gozado siempre, y sigue gozando, de buena salud. Aunque tengamos cada vez mejores carreteras, mejores aeropuertos, mejores infraestructuras, y aunque tengamos grandes complejos de europeos, la verdad es que, de puertas hacia fuera, España sigue siendo un país exótico, sí, sí, exótico, un país de sol y de fiestas, y, dentro de España, Andalucía continúa ofreciendo al mundo lo que ofrecía ya hace miles de años: paisajes, Mediterráneo, sol, paz, universalidad.

Siempre ha venido ocurriendo igual con el turismo: cuando todos los demás sectores económicos se rompen por la crisis, la única industria que sigue adelante, y con más bríos, es la industria sin humos del turismo, la industria amable que une y hace amigos a los pueblos y que genera las divisas necesarias en un país que tiene tan bajito el techo de la exportación. Pero no por eso, el turismo, ni siquiera en los momentos en que salva los apuros del país, tiene el reconocimiento de los santones de la economía o de la política, que siguen considerando el sector como de segunda división, cuando no lo descalifican despachándolo con frases peyorativas

Parece mentira que, habiendo tardado tres mil años en darnos cuenta de que el turismo es un invento rentable, estemos todavía discutiendo su importancia. Los turistas llevan razón: somos un país exótico, un país rarillo.

(Escrito correspondiente al libro “Una España de Cine”, publicado previamente (año 1996) en “Diario 16” en forma de columna diaria. Era mi homenaje al Centenario del Cine en España. Han pasado trece años y todavía hay vigencia en algunas cuestiones de la vida nacional, como, en este caso, el turismo.)

Una respuesta to “Una España de Cine. Artículo 15 – Días de vino y rosas”

  1. raul dice:

    Increible que este artículo esté (tan bien) escrito en el 96. Fantástico!

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