Vuelva usted Mañana

Una España de Cine. Artículo 10 -Con faldas y a lo loco

(Escrito correspondiente al libro “Una España de Cine”, publicado previamente (año 1996) en “Diario 16” en forma de columna diaria. Han pasado trece años y todavía hay vigencia en algunas cuestiones de la vida nacional.)

Hubo un tiempo, decían nuestros mayores, en que el Carnaval era una fiesta fascinante del pueblo y para el pueblo, alegría, música y misterio en las calles, libertad plena, pura leyenda, recuerdo agigantado y exaltado tras la represión. Hoy, el Carnaval es la fiesta característica de unas cuantas ciudades del mundo. Y poco más. En muchísimas localidades hay desfiles, bailes, reuniones en la plaza, pero no hay una participación total, porque no es la fiesta de todos, aunque perdure aquella leyenda de lo prohibido, de lo popular, aquella tentadora entrega a los juegos del amor que contaban los abuelos, aquellos excesos de la carne y la pasión.

Los carnavales tienen sus peculiaridades, sus diferencias, y en cada lugar se celebra de una forma bien distinta. Sin duda alguna, Río de Janeiro se lleva la palma de la fama mundial, por su colorido, por la belleza de sus mujeres, por el ritmo contagioso de su samba universalizada, por la espectacularidad de los trajes, por el bullicio alegre de sus gentes. En la misma línea, o muy parecida, anda el carnaval de Santa Cruz de Tenerife, a medio camino entre la Península Ibérica y América. El carnaval tinerfeño ha cobrado también justa fama internacional y contiene idénticos atractivos de sensualidad y de buena climatología. En cambio, Cádiz vive una fiesta carnavalera de muy distinta concepción, la gracia de la comparsa, la chispa, la sal, la crítica, una palabra, chirigota, que ha irradiado allende las fronteras, el pueblo participando, el visitante participando.

Y hay otras formas de carnaval elegidas por otras ciudades, por ejemplo Venecia, que difieren de las anteriores. Como corresponde a su historia y a su cultura, Venecia no podría ofrecer otra fiesta de carnaval que la de la elegancia, la distinción, los trajes de época, los sombreros de ala ancha, los antifaces del Renacimiento. La decadencia.

Para una escasa media docena de ciudades, las citadas y alguna más, el carnaval es casi su razón de ser, la gran fiesta anual que revitaliza su economía, que llena sus hoteles y restaurantes, que hace vibrar a sus gentes, que les da brillo y fama mundial, pero, fuera de esas ciudades, el carnaval es una fiesta que, cada vez más en desuso, está lejos de atraer la atención de todas las gentes.

Y eso que hay una gente específica que ama el carnaval, que lo siente, que lo vive; una gente que culmina su deseo más íntimo de transformar su personalidad en estas fechas; incluso hay una gente que no se atreve a sacar a la calle su auténtica faz, pero que disfruta con el carnaval; gente que vive ahí los momentos gloriosos de su auténtico yo, esa otra vida que su vida normal le niega.

Sin embargo, hay otra mucha gente que no siente la llamada de las fiestas del carnaval, ni siquiera con los aditamentos de la leyenda. Son gentes que viven todo el año disfrazadas de sí mismas, y que, por lo tanto, rechazan la tentación anual de cambiar los pantalones por las faldas, el pelo corto por la peluca, la sobriedad por el exceso.

No, decididamente, no. El carnaval, que necesita de asociaciones que mantengan la tradición, no es la gran fiesta que contaban nuestros mayores. Su tiempo ha pasado, el pueblo no lo reclama sino como una celebración más. Ya ha dejado de ser, si es que lo fue alguna vez en el pasado, aquel paréntesis libertario de pecado y de alegría explosiva.

El carnaval, en las vísperas del nuevo milenio, es un acontecimiento anual en el que los niños pueden convertirse en dibujitos de Walt Disney y en el que algunos mayores proyectan sus íntimas necesidades de transformación. Siempre habrá quien necesite pintarse y cambiarse la cara, pero cada vez, según parece, serán menos.

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

También estoy en facebooky en la Radio…Y en twitter
Últimos comentarios Estradas recientes
Daniel Caro | Blog de Rafael DE LOMA