Un periodista en la Corte de Rajoy

Un periodista en la Corte de Rajoy

Me imagino a un periodista foráneo que llega a la Corte de Rajoy y descubre que nada es como había imaginado. O, peor aún, que todo es muchísimo más grave de lo que había supuesto.

Aquí no mandan los políticos del lugar, primer hallazgo de mi desconcertado colega. Aquí mandan unas alimañas encorbatadas que la dueña del euro nos azuza cada vez que tomamos un ibuprofeno de más.

Nuestro periodista observa que por esta original Corte, devenida de una enorme y engañosa bola electoral, pululan a sus anchas unas damas y unos damos a los que se les denomina ministros, quizá porque en este país ministro es sinónimo de trolero. Alguno de ellos, tal vez el más principal, procede del distinguido club de directivos del famosísimo holding Lehmann Brothers, cuya bancarrota desencadenó en 2008 la malhadada ruina mundial que nadie ha podido detener aún. Menudo marchamo de garantía para quien (parafraseando a Groucho Marx) “tiene como misión última partir de la nada hasta alcanzar (para España) las más altas cotas de miseria”.

Mi periodista especial ha percibido un matiz que tal vez se escapa a los comentarios de los ubicuos y rentabilísimos tertulianos de cabecera y es que las llamadas ministras y el resto de féminas de la Corte de Rajoy son más bravas que sus colegas masculinos, más audaces, aunque igual de araneras. Mientras a una de ellas se le ocurre que hay que derogar las leyes contra el tabaco –para que se pueda fumar en ese tenebroso y doloso negocio (yo le llamo directamente engañabobos) al que califican de Eurovegas-, otra sale por peteneras proponiendo que las basuras y las inmundicias de las calles de Madrid se recojan cada dos días y no diariamente. Delicias de verano para visitantes y lugareños. Sabemos que sabores y aromas son recuerdos turísticos inolvidables que hacen al viajero regresar o ignorar para siempre algunos destinos. A otra de las llamadas gobernantes le ha dado por erradicar la financiación pública para cuatrocientos y pico medicamentos usados por mayores y por gente necesitada. Quitarle las medicinas a pensionistas y enfermos que más las necesitan es una práctica ya experimentada con “éxito” en algún tiempo anterior. Pero ahora se han empeñado ellas también en que este no sea país para viejos. La vejez es muy cara para un pais en crisis. Por otra parte, la misma jefaza que pelea por traernos el peligroso negocio del juego (quiero decir del blanqueo de dinero), está obsesionada con clausurar el Estado de las Autonomías y disolver el Tribunal Constitucional, como corresponde a una mujer enamorada… del pasado.

Es lógico que mi periodista imaginario se extrañe de las cosas tan raras que pasan en esta Corte rajoyana. ¡Cómo es posible, se pregunta, que uno de los llamados ministros le dé un hachazo a los sufridos mineros y se salte a la torera una normativa europea que dilataba las soluciones al carbón hasta dentro de seis años! Este hombre quiere cargarse, sin alternativas, sin piedad, no solo a un sector: también a varias comarcas, a miles y miles de familias. Los mineros caminan hacia Madrid, desesperanzados, rotos, pero a mi me parece que llevan consigo las simpatías y la solidaridad de muchos millones de españoles, entre los que modestamente nos incluimos mi colega foráneo y yo mismo.
Después de negar Rajoy a los españoles –como negó Pedro a Jesús, pero no tres veces sino trescientas-, que el IVA no subiría, he aquí a los abnegados agentes del turismo poniendo el grito en el cielo porque el salto impositivo que se va producir provocará una gravísima herida en el cuerpo del único sector de la economía nacional que ha seguido funcionando, bendito sea él.

A nuestro periodista de fuera le supera no solo el ascenso peligrosísimo de la pandemia de despidos masivos que azota a España, propiciada, como se sabe, por el abaratamiento de los costes dictado por Merkel y seguido obedientemente por el melifluo patrón de la Corte. También le subleva la asquerosa actitud pisuerguista de quienes aprovechan para aligerar plantillas y esquilmar sueldos y retribuciones. Los periodistas no iban a ser una excepción, máxime en momentos en que la Prensa casi ha dejado de ser un mecanismo de control del poder. Ya no se teme la crítica de los periodistas. Aumentan las empresas de comunicación que se alinean, descaradamente, a favor del desmantelamiento social. Tampoco ayuda mucho la avalancha de intrusos diletantes y blogueros gratuitos que invaden como moscas los medios y las redes. A mi colega no le gusta “El Huffington Post“.

Una sola cosa de España embelesa a este periodista imaginario y es el ejemplo sublime, grandioso, que están dando nuestros deportistas a nuestros políticos. Vergüenza y dignidad se llama la figura.

(Artículo publicado en el diario “La Opinión de Málaga“, domingo 1 de julio 2012)

1 Comment

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