Vuelva usted Mañana

Un Nobel para la Esperanza

A los habitantes de los países pobres:
Nos comprometemos a trabajar a vuestro lado para conseguir que vuestras granjas florezcan y que fluyan aguas potables; para dar de comer a los cuerpos desnutridos y saciar las mentes sedientas. Y a esas naciones que, como la nuestra, disfrutan de una relativa riqueza, les decimos que no podemos seguir mostrando indiferencia ante el sufrimiento que existe más allá de nuestras fronteras, no podemos consumir los recursos mundiales sin tener en cuenta las consecuencias. Porque el mundo ha cambiado y nosotros debemos cambiar con él
.”
No han pasado ni nueve meses desde que Obama pronunció estas frases en su discurso de investidura y ya le ha sido concedido el Premio Nobel de la Paz. Lo habitual era: primero bombardear, machacar, matar, y luego reconocer el error. Hasta que llegó este hombre de buena voluntad y disipó los peligros nucleares, sustituyendo las tensiones, las agresiones y las guerras por la diplomacia, intentando que todo el mundo diga adiós a las armas, aunque eso signifique, hoy por hoy, una utopía.
No recuerdo, periodísticamente hablando, nada igual. La más grande cobertura informativa que vieran los siglos, en torno a cualquier tipo de noticia, en este caso una noticia política histórica, se produjo la noche del 4 de noviembre de 2008 cuando el senador afroamericano Barak Husseim Obama fue elegido como 44º presidente de los Estados Unidos de América. Ni siquiera la figura del mítico John Fitzgerald Kennedy, asesinado en la plenitud de su ilusionante mandato, había logrado alcanzar, en la década de los sesenta, tanta trascendencia mediática mundial como la que logró, con su elección, aquella madrugada memorable, el primer político de raza negra que se aupaba hasta la Casa Blanca merced a un avasallador triunfo electoral. Jamás una noticia, pese a que llegó a ser tan esperada (o precisamente por ser tan ansiada), había generado tanto impacto en América y en todo el mundo.
No ha decepcionado. Por supuesto que genera críticas, sobre todo de quienes aman las guerras porque se benefician de ellas y de quienes mantienen obsoletos prejuicios raciales y eternos privilegios de poder. Pero Obama no ha decepcionado. Tiene a mucha gente en contra, incluso parte de su propia gente, porque quiere crear la sanidad pública para proporcionársela a cincuenta millones de americanos que no pueden pagarla, y eso genera recelos y resquemores en algo tan hiper desarrollado en la sociedad estadounidense como es la empresa privada. Tiene en contra a sectores poderosos que no consienten intromisión alguna en sus grandes negocios del petróleo (“aprovecharemos el sol, los vientos y la tierra para hacer funcionar nuestros coches y nuestras fábricas”), porque es portador de un nuevo y revolucionario mensaje de paz y de armonía con el clima y la naturaleza. Y tiene a mucha gente en contra (“…en cuanto a nuestra defensa, rechazamos como falso que haya que elegir entre nuestra seguridad y nuestros ideales.”) porque pretende abolir para siempre las torturas y las iniquidades que se cometen en nombre del estado.
Quiero recordar expresamente la parte de su discurso dirigida a los ciudadanos más sufridos y marginados, aquellos que siguen confiando en el sueño de Luther King:
Sabemos que nuestra herencia multicolor es una ventaja, no una debilidad. Somos una nación de cristianos y musulmanes, judíos e hindúes, y no creyentes. Somos lo que somos por la influencia de todas las lenguas y todas las culturas de todos los rincones de la Tierra; y porque probamos el amargo sabor de la guerra civil y la segregación, y salimos de aquel oscuro capítulo más fuertes y más unidos, no tenemos más remedio que creer que los viejos odios desaparecerán algún día; que las líneas tribales pronto se disolverán; y que Estados Unidos debe desempeñar su papel y ayudar a iniciar una nueva era de paz.
Quizá este reconocimiento mundial le anime más y sirva para que haya cada vez más gente que respalde su política. Ojalá sea así.
Sólo por sus esfuerzos, sólo por liderar la única esperanza que les queda a millones de seres que sufren en todo el mundo, Barak Obama merece el Premio Nobel. Mi modestísima enhorabuena.

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