Vuelva usted Mañana

Turismo: como en los viejos tiempos

Al fin, después de tantos y tantos meses de nublados y conjeturas, hemos tenido, creo, la Semana Santa más turística y esplendorosa de los últimos años. No recuerdo un lleno igual (quizás ocasional), al menos hasta donde llega la vista: playas y chiringuitos haciendo su agosto en abril, ni un sitio libre para aparcar en los enormes paseos marítimos, Jueves, Viernes y Sábado Santo atascados de tráfico, hoteles trabajando a tope. Y en todo lo alto del inmenso cielo azul, un estimulante sol reconciliado con su Costa y dándole vida. Como en los viejos tiempos.
El año pasado fue un mal año, según se ha reconocido oficialmente, dato preocupante porque esta es la industria por excelencia, la esencial, la que induce a todas las demás, y si se resfría, como ahora, empieza a toser toda la región. Nos nutrimos de Europa y competimos con otras zonas cálidas. Nuestra clientela, en general, es clase turista, la más abundante y la que realmente soporta las temporadas una tras otra. Los llamados grupos. Pero he aquí que la crisis ataca sin piedad a las economías domésticas en las que se incluyen esos grupos y en las que los gastos de viajes vacacionales suelen ser, por superfluos, los más rápidos en evitarse. Justo lo que viene ocurriendo en los dos ó tres últimos años.
Por eso, palpar la plena actividad turística en unas playas animadas, no sólo despierta el optimismo entre hoteleros y restauradores, sino que es como un síntoma inequívoco de que estamos ante el inicio de una temporada mejor, posiblemente, que la anterior. La crisis sigue haciendo pupa y generando paro, sobre todo desde que se derrumbó el sector de la construcción, pero no se conoce mejor fórmula de frenarla que poniendo la imaginación a cien e intentando crear fórmulas alternativas. No olvidemos que la Costa del Sol partió de cero en momentos de penuria económica en toda España. Y que su desarrollo no se planteó como un proceso lógico de previsiones sino que se avanzó sin orden ni concierto, a trompicones, de abajo hacia arriba, unos empresarios y trabajadores esforzándose en improvisar y conseguir divisas y un gobierno distante valiéndose de esas divisas –y de las de los emigrantes- para salvar la balanza de pagos. De aquellos afanes surgió una conciencia general de que el turismo podía ser la piedra angular de la economía de toda una zona, siempre y cuando se crearan infraestructuras adecuadas como accesos por carretera, mejoras del aeropuerto y grandes ofertas de ocio. Eclosionó el golf, con más de cincuenta campos en la franja costera, y la náutica con once bellísimos puertos deportivos.
No fue fácil el camino, al menos hasta que el Estado comprendió que también debía poner su granito de arena. Y llegó entonces el tiempo de la compensación, un tiempo reciente, en el que construyeron (construyen) autopistas y autovías, trajeron el AVE y sustituyeron una vieja estación, un puerto obsoleto y un aeropuerto insuficiente por tres impresionantes y modernísimos accesos que, por fin, hacen de Málaga una ciudad abierta y fácil de querer. En cualquier caso, la iniciativa privada marcó siempre la pauta. Los protagonistas fueron aquellos empresarios, aquellos directores de empresa, pioneros auténticos a los que hay que seguir escuchando con atención porque saben las cosas que no hay que hacer para hacer bien las cosas. Así es que todo el mérito, o casi todo, es suyo.
Hoy, con instalaciones rutilantes, con una capital reencontrada con su destino, y con unas ganas locas de rebajar las alarmantes cifras del paro, la Costa del Sol está preparada para afrontar con fe la crisis que afecta al turismo. Es llegado el tiempo de imaginación, de ideas, de ingenio. De dejar atrás las pesadillas, de crear nuevas ilusiones. Ver los hoteles rebosantes, los paseos llenos de vida, reconforta el ánimo porque significa que, dentro de lo malo de la crisis, hay algo que se mueve a favor y ese algo es el turismo, aunque sea por unos días, aunque sea por una Semana Santa. Existe una ecuación que nunca falla: gente con ganas y tiempo soleado. Cuando los viajeros encuentran un buen clima es como cuando se juntan el hambre y las ganas de comer. La otra fórmula mágica, la que creó la marca, es la de sol y playas. Nunca hubo mejor promoción ni más eficaz ni más barata que la que nos proporciona el rey sol. Llevábamos tiempo echándolo de menos.

(Artículo publicado en “La Opinión de Málaga”, domingo, 4 de abril 2010)

Una respuesta to “Turismo: como en los viejos tiempos”

  1. .Miguel Ángel Reina dice:

    Nuestra cultura del Turismo es también un capital fundamental. Basta ver cómo atienden al público en otras latitudes. Es tan simple, y a la vez tan complejo, como que el turista se sienta atendido. En esto aún fallamos un poquito.

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