Tantas cosas que nos queman

Tantas cosas que nos queman

La inteligencia emocional aún no se ha incorporado de lleno a la práctica del periodismo moderno. Nos sigue interesando el dato, el hecho, el cómo y el qué. Deberíamos ahondar un poco más, sin embargo, en el por qué. O sea, en los sentimientos. Son tantas las barbaridades que leemos cada día en la Prensa que ya casi no les prestamos atención.

Me intranquiliza que se haya descubierto que el Banco del Vaticano sea el principal accionista de la mayor industria de armamentos (Pietro Beretta) del mundo. ¿No es inquietante que sean precisamente los representantes en la tierra del mandato divino del amor al prójimo quienes promuevan las guerras? ¿No son las guerras espléndidos negocios basados en asesinatos masivos indiscriminados, legitimados por la impunidad de las inatacables “razones de estado”?

Me indigna que le paguen más de doscientos mil euros al impresentable Carlos Divar, ex presidente del Supremo y del Poder Judicial, protagonista desvergonzado de un escándalo que ha perjudicado seriamente la imagen de la justicia española. Y que nadie proteste seriamente.

Me jeringa saber que ese tópico tan arraigado socialmente de que las mujeres y los niños son los primeros que se salvan en los naufragios es una mentira como un camello. Estudiados miles de casos reales del último siglo se ha sabido, con datos irrefutables, que los primeros en salvarse, en las grandes tragedias marítimas, son siempre los hombres. He navegado bajo tormentas terribles, pero afortunadamente nunca me vi en el trance desesperado de un naufragio. Por lo tanto, no sé cuál sería mi comportamiento. Sin embargo, en frío siento vergüenza ajena por el resultado de esa estadística.

Me horripila el tremendo golpe bajo que le han asestado a los mineros que lo están pasando mal y lo van a pasar peor. Estoy convencido, sin embargo, de que la batalla será larga y de que esa torpeza, ese daño, le costará muy caro a sus responsables.

Me cabrea sobremanera que un jeque llegado de los cuentos de las mil y una noches haya jugado con los sentimientos de miles y miles de aficionados malagueños, de niños ilusionados, de gente cuya única alegría son los colores de un equipo listo para la Champions. Es indignante que este tío tome por tonto a todo un pueblo, plantee sus exigencias millonarias, se salte las normas, y cuando no logra sus arteros propósitos, desmantele un proyecto que él mismo metió en la cabeza de gente para quien el Málaga representa el más hermoso sentimiento de apego al terruño y la más fervorosa seña de identidad. Alguna forma habrá, supongo, de que este elemento no se vaya de rositas… si es que aparece.

Pero lo que más me quema, de cuantas cosas me queman, es la noticia cotidiana de la crisis que nos está convirtiendo en un país sin esperanzas. Me quema la espeluznante frialdad, la falta de humanidad, el desprecio a las personas de quienes acomodados en buenas posiciones, condenan al hambre a millones de familias a las que consideran simples cifras de un mal negocio. Las engañan, las ignoran, no les explican nada, no les dan alternativas, como si detrás de esas familias, no hubiera rostros de hombres desesperados, mujeres angustiadas, niños necesitados. Sentimientos. Necesitamos un periodismo más humano. Pero ese es un tema para tratarlo aparte.

—-

(Artículo publicado en el diario “La Opinión de Málaga“, domingo 5 agosto 2012)

1 Comment

  1. Me encanta leer este tipo de atículos donde la verdad está por encima de todo. Me encanta saber que hay gente que no le importa decir lo que siente, aún conociendo que no gustará a la gran mayoría. En fin, me encanta la gente que habla mi idioma a pesar de no haber estudiado juntos la misma lengua.

Submit a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>