Vuelva usted Mañana

Sin noticias de Dios

Hay días en que tiene uno que estrujarse el cacumen para encontrar un tema sobre el que escribir. Es bien sabido el pánico de periodistas, escritores, diletantes y mediopensionistas ante el compromiso de hacer un artículo a fecha fija y no salir muy perjudicado de la aventura. Una auténtica pesadilla. Hay millones de temas, sí, pero cuál de ellos eliges, cómo le metes mano, qué punta le sacas. De hecho, algunos columnistas conocidos terminan escribiendo siempre del mismo tema para ahuyentar tamaña angustia. Sin embargo, hay ocasiones en que la elección es fácil, tan fácil que se te juntan tres ó cuatro asuntos de interés y te planteas glosarlos conjuntamente con un requisito único: que no se te vaya la olla al cielo.

Así es que empezaré por el cielo. Stephen Hawking, el científico más inteligente del mundo, acaba de negar a Dios. Así, como suena. Este hombre, disminuido corporal, agigantado mental, afirma en su último libro, “The Grand Design” –“El Magnífico Diseño”-, que Dios no tuvo nada que ver con la Creación, que el Universo pudo crearse a sí mismo, de la nada, que el “Big Bang” fue la inevitable consecuencia de las leyes físicas. Anteriormente, Hawking, había dicho textualmente: “Si descubriéramos una teoría completa, sería el triunfo final de la razón humana, porque así conoceríamos la mente de Dios“. Pero ahora, se desdice: “La creación espontánea es la razón de que haya algo en lugar de nada, es la razón por la que existe el Universo, es la razón de que existamos“.

Naturalmente, todo lo que se refiere a dudas sobre la existencia divina se convierte en polémica y en escándalo. Salta a la yugular la Iglesia católica, tan interesada en mantener su floreciente negocio multisecular, y se ponen nerviosos los creyentes, no los que solo creen de boquilla ––esa mayoría radicalizada que siempre corre delante o detrás de los curas, en las procesiones o en las guerras civiles-, sino los que tienen fe auténtica en que Dios es el ser supremo, dueño absoluto de cielos y tierra y esperanza de otra vida mejor que ésta. No sé si lo cómodo es tener fe. O creer que la tienes. Quizá sí porque te lo dan hecho. No tienes que preocuparte. Lo penoso es pensar en este lío del Universo, en cómo surgió, en cómo se expande, en cómo nació la vida, en qué representamos aquí los seres vivos, en qué será del mundo cuando no quede ni uno sólo de nosotros. En qué es todo esto. Lo jodido es imaginar cuánto tiempo pasó hasta que apareció el hombre y cuánto hasta que empezó a desarrollar su inteligencia. Y cuánto hasta que descubrió que hay razones que la razón no entiende, eso que ahora llaman inteligencia emocional. Y cuando aún no hemos llegado a conclusiones sobre nosotros mismos, porque no somos capaces de elegir el amor, el miedo, la alegría, nos viene Hawking y nos informa de que no hay noticias de Dios.

Dice José Antonio Marina, mi filósofo de cabecera, autor, entre otros clásicos, de “El vuelo de la inteligencia” que la cultura separó el mundo afectivo del mundo intelectual. La cabeza a un lado, el corazón al otro. Podemos no saber qué estamos sintiendo (apunta este estudioso de los comportamientos humanos) porque los sentimientos son experiencias cifradas. Las creencias vienen determinadas por la cultura y por la educación, lo que quiere decir que el mundo de los sentimientos no es tan espontáneo como creíamos. También la ciencia y la religión, como el intelecto y las emociones, debieron seguir sus caminos por separado. Las antiguas civilizaciones poblaron sus olimpos de dioses del amor, de la guerra, del tiempo, de la venganza, de las artes y la música, del vino, de la belleza, de la agricultura, del mar, del sol, de la tierra, de la luna, del pan, hasta un dios específico de los muertos; dioses del hogar, de la discordia, del destino, de la fecundidad, de la virilidad. Un auténtico ejército divino contra el que no tendría argumentos suficientes el señor Hawking. Pero ahora solo hay un dios en juego.

Los otros dos temas a los que me quería enfrentar en este artículo son periodismo y turismo, uno por la situación crítica de la Prensa en la transición traumática hacia los espacios cibernéticos, y el otro porque el gigante chino, que está desperezándose, anuncia que le apetece el turismo y que España no es mal destino, siempre y cuando se les oferte fútbol, deslumbrados como están tras ver de cerca la Copa del Mundo que exhibimos en Shanghai. Pero estoy viendo que se me acaba el tiempo y el espacio y, por mi parte, me despido educadamente, quedándome con Stephen Hawking. Ustedes queden con Dios.

(Artículo publicado en “La Opinión de Málaga”, domingo 12 de septiembre 2010)

Una respuesta to “Sin noticias de Dios”

  1. Javi dice:

    Jejeje, gran articulo, Rafael. Un saludo desde aqui arriba, desde Portsmouth.

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

También estoy en facebooky en la Radio…Y en twitter
Últimos comentarios Estradas recientes
Daniel Caro | Blog de Rafael DE LOMA