Se nos ha ido uno de los más grandes deportistas españoles de todos los tiempos, uno de los mejores de Europa, de los mejores del mundo. Severiano Ballesteros, coloquialmente conocido como Seve entre nosotros y como “Sevy” en el mundo anglosajón. Víctima de una enfermedad cruel, nos ha dicho adiós a una edad en la que todavía muchos grandes golfistas siguen haciendo historia.
Sabemos que los deportes, como los idiomas, constituyeron siempre las asignaturas pendientes de la España comodona y perezosa de los últimos tiempos. Hoy, empezamos a aceptar la necesidad de saber inglés, como mínimo. Y en cuanto al deporte, ahí sí que hemos triunfado al fin, en individualidades y por equipos. En la actualidad, el himno y la bandera española son símbolos prestigiosos, reconocidos en las grandes competiciones mundiales. Los éxitos de conjunto obtenidos últimamente vienen de los preparativos de los Juegos del 92. Allí arrancaron.
Pero la llegada a España de los grandes deportes, los triunfos alcanzados en especialidades que aquí ni se conocían, ésa se produjo por el esfuerzo personal, la entrega, la valía, las cualidades y el pundonor de unos cuantos deportistas que se partieron la cara para dar brillo a España.
Hoy me voy a centrar en el recuerdo de quien acaba de irse de la vida para habitar en el Olimpo y que consiguió la más grande fama, el más evidenciado reconocimiento, el mayor de los respetos deportivos, la más sincera admiración y el mayor de los seguimientos en los cinco continentes; me voy a recrear en el recuerdo de Severiano Ballesteros, a quien, como periodista enviado especial, tuve la inmensa suerte de ver personalmente, en varios de sus más sonados triunfos mundiales, pero especialmente en dos de ellos: su tercer “Open” británico, en julio de 1988, en el Royal Lytham & St. Annes Golf Club, en Blackpool, y su decisiva participación, con Olazábal, en la primera victoria de Europa sobre Estados Unidos (15 – 13) en la Ryder Cup disputada en el maravilloso campo del “Oso Dorado” Jack Nicklaus, en Muirfield Village, Dublin (Ohio) en el verano de1987.
Ante mil quinientos periodistas procedentes de todo el mundo (de ellos, cuatro españoles, entre los que tuve la suerte de ser acreditado), el capitán del equipo americano, Jack Nicklaus –una leyenda del golf, a quien Seve había ganado su primer Open un montón de años antes,- proclamó abiertamente que el español era, sin duda alguna, el mejor jugador de la historia del golf. Fue una emoción que no olvidaré jamás. Como tampoco olvidaré su paseo triunfal, en el hoyo 18, aquella tarde de la conquista de su tercer Open, en un julio frio y casi lluvioso, cuando decenas de miles de ingleses, puestos en pie, desobedeciendo las órdenes de silencio, tan típicas y asumidas en el golf, se rindieron con entusiasmo ante la clase y la humildad tremenda de nuestro campeón. La prensa londinense del día siguiente titulaba en letras de cartel: “Bravo, Sevy!” Porque nuestro Seve fue, también para ingleses y americanos, uno de los mejores deportistas del mundo.
Estarás eternamente en la orla de los mejores. Te recordaremos siempre, Seve. Como te mereces.
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(Artículo publicado en “La Opinión de Málaga“, el día 8 mayo 2011)