La defiendo a capa y espada como periodista. Me solidarizo con ella en unos momentos en que determinados “popes” del Periodismo se han ensañado en su reprobación. Pero la critico abiertamente como mujer objeto de una cadena especializada en basureo del corazón. Sara Carbonero es una chica joven, por encima del promedio en belleza y guapura, que, como tantas otras, ha elegido Periodismo, una carrera, una profesión, que, por cierto, se le da mejor a las mujeres que a los hombres. Como, afortunadamente, Deportes ya no es, como era antes, la cenicienta de las Redacciones, Sara es otra de las muchas periodistas que se ha abierto camino, con esfuerzo y dedicación, en esa especialidad que tantos lectores, oyentes y telespectadores tiene. Y está trabajando como enviada especial en el Mundial de fútbol de Sudáfrica.
Hubo un tiempo muy anterior en que las secciones deportivas de los periódicos, además de antros machistas, eran el destino elegido por empresarios o por directores para alojar a los enchufados más inútiles, a los clasificados directamente como analfabetos o a los más torpes del pelotón. Se redactaba pésimamente. Se titulaba peor. Funcionaba, eso sí, el olfato informativo de los sabuesos iletrados, más, al final, los “buenos” -blasfemando en arameo- tenían que acudir en auxilio de los horrores perpetrados, arreglando lo arreglable.
Pero, bueno, de eso hace ya mucho y, gracias a los dioses del balón y a la irrupción de las cámaras televisivas, que multiplicaron las legiones de aficionados, los directores fueron exigiendo cada vez más nivel hasta que aquella barbaridad pasó a ser una mera anécdota histórica. Desde hace décadas, en las secciones de Deportes hay gente que escribe como los ángeles y hasta grandes genios de la literatura se suman con sus colaboraciones al mayor realce de las competiciones, especialmente las futbolísticas.
Decía que Sara Carbonero es una periodista deportiva que, indudablemente, debe su puesto en los servicios informativos de la quinta cadena a sus méritos personales. Pero, a continuación, añado que el escándalo que se ha cernido sobre ella en los Campeonatos Mundiales de Fútbol tiene más de una explicación aunque ninguna de las expresadas me convence. Primero fue el “Times” (¡el sesudo “The Times”! quién lo vaticinaría hace unos años) el que, en plan prensa del basureo, culpabilizó a la chica del gol recibido por el meta Casillas tras la inesperada derrota de España ante Suiza. Sara fue fotografiada detrás de la portería que ocupaba su novio, el gran guardameta Iker Casillas. Y, naturalmente, unos instantes después saltaron a la yugular de la “noticia” las jaurías sedientas de portadas. Pero lo peor de todo es que, pese al barullo desencadenado, en el siguiente partido la guapa periodista volvió al mismo “puesto de trabajo” y volvió a ser retratada tras la red con un desconcertado Iker en primer plano. Esa segunda estampa a mi, personalmente, no me olió muy bien. Pienso que, como periodista, Sara tiene el mismo derecho que sus compañeros a trabajar donde la ubiquen. Y creo que el hecho de que sea un bellezón no tendría por qué condicionar su labor profesional. Pero no deberíamos ser hipócritas y tendríamos que reconocer, primero, que en ese sitio del campo pocas entrevistas se pueden hacer (no olvidemos que esa parece ser la misión principal de Sara: entrevistar a los protagonistas); segundo, que, habiéndose creado el inevitable morbazo mediático, que superaba el propio interés del Mundial, estaba cantado que lloverían las críticas no a la cadena sino a la novia del portero que podría distraer a éste en momentos de gran trascendencia de los partidos de “la Roja”. El romance del héroe futbolístico y la guapa periodista alcanzaba, así, cotas de delirio, esta vez no solo entre los paparazzi, también entre los medios y los informadores más “respetables” y “serios”.
Mi opinión, bastante personal y subjetiva, nada estimable como verdad absoluta, es que le ha salido muy barato a la cadena conseguir otro bombazo informativo pleno de audiencias. Tan barato como el escuálido sueldo de una redactora de informativos. Si por lo menos Sara Carbonero cobrara como la Belén Esteban…