Vuelva usted Mañana

Radio Nacional, de ayer a hoy

Como la mayoría de lectores saben, en su novela “El gatopardo”, Lampedusa hace decir a uno de los protagonistas: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”. Esta famosa paradoja se ha convertido en una contradicción política de uso habitual entre los poderosos. Sin embargo, tengo a mano un ejemplo de todo lo contrario, un ejemplo en el que la frase se subvierte y toma el sentido opuesto. Esta frase sería: “Si queremos que todo cambie es necesario que todo siga como está”. Pues bien. Este es el caso de Radio Nacional de España, que cumple, gozosamente, sus primeros setenta y cinco años de vida.

Aparentemente, RNE ha seguido siendo la misma desde que fue fundada, al servicio de la propaganda franquista, en plena guerra civil. No parecería haber cambiado en nada si nos dejáramos llevar por una falsa apariencia. Podría haber cambiado el apellido “Nacional”, que tantas connotaciones tuvo, pero no lo cambió. Podría haber sido privatizada pero siguió siendo estatal. Podría haber quedado relegada a un segundo plano, pero siguió en primera línea profesional. Hoy, Radio Nacional, que tomó este nombre del bando rebelde de la guerra civil, no tiene absolutamente nada que ver con la que inició sus emisiones en Salamanca el 19 de enero de 1937 de la mano del general Millán Astray. Así es que todo siguió igual (en apariencias) para que todo cambiara. Lógicamente esto no es más que una consideración muy personal.

Estoy vinculado sentimentalmente a la radio. Aunque una buena parte de mi vida profesional discurrió por los territorios de la Prensa escrita. mis inicios periodísticos fueron compartidos también con una emisora de gran solera. Trabajé simultáneamente en el diario “El Faro de Ceuta” y en “EAJ 46 Radio Ceuta” y tengo de aquel tiempo el mejor de los recuerdos profesionales. El periódico era calle. ajetreo, información, escribir contra reloj. La radio era… la radio era pura magia. Las circunstancias me dieron oportunidad de hacer espacios de noticias, programas deportivos y hasta entrevistas a personajes en emisiones cara al público. Tengo en gran consideración al periodismo radiofónico que protagonizó momentazos históricos el 23 F y que, antes y después, marcó época en el tratamiento de la actualidad deportiva y de la información y crítica política. Hice cosas en la Ser y tengo ricas experiencias en radios locales.

Me considero, pues, en condiciones de valorar, desde mi modesta atalaya periodística, el mérito de la trayectoria de Radio Nacional de España, cadena en la que he tenido y tengo grandes amigos. En mi ya largo currículum debe haber alguna línea en la que se recoge que fui colaborador de RNE a través de su emisora malagueña. Participé en tertulias y hasta hice “columnas” radiadas. Sirvan estas líneas como humilde homenaje y reconocimiento a los numerosísimos profesionales que con su extraordinaria labor –anónima en ocasiones y no siempre apreciada- consiguieron cruzar de punta a punta la convulsa historia reciente de España. Sin que se percibiera que todo seguía igual para que todo cambiara.

Cuando se hace radio el periodismo se transforma en magia.

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