Vuelva usted Mañana

Queremos un Empire State

Unos dias después de aquel fatítdico crash de 1929 se iniciaba la construcción en Nueva York del que sería durante cuarenta años el edificio más alto del mundo: el Empire State Building, ubicado entre la Quinta Avenida y la Calle 34. Casi todos cuantos hemos viajado a la capital americana de los rascacielos hemos subido alguna vez por sus rapidísimos ascensores hasta coronar su mirador protegido y su cúspide al aire libre. Desde allí hemos contemplado el impresionante panorama urbano sólo superado, en perspectiva (desde 1972 hasta el nefasto 11 de septiembre de 2001) por las Torres Gemelas, en las que también tuvimos la oportunidad de disfrutar de una panorámica inolvidable.

Traigo a colación el Empire State porque he oído a alguien en una tertulia televisiva que se refería a la importancia sicológica que supuso su construcción cuando, habiendo reventado la Bolsa, las empresas despidieron masivamente a sus empleados y el país se convirtió en noticia por los suicidios, la desesperanza y la ruina de millones de estadounidenses. Casi cuatro mil obreros acometieron el trabajo y el coloso estaba acabado en un año. No es que el Empire State acabara con la pobreza sobrevenida, no es que cesara de golpe el desempleo, pero sí se afirma que la mera contemplación (en vivo o en noticiarios) de cómo crecía dia a dia la mole y su propia y rapidísima inauguración significaron para el pueblo americano un brote de ilusión, de esperanza, de fe, en un tiempo nuevo que habría de superar las adversidades. Desde entonces, el Empire State es, sin duda, el símbolo más genuino de Estados Unidos.

Eso es lo que oí a un tertuliano de la tele que no parece frívolo y que siempre ha demostrado estar documentado.
Hoy es noticia este gigante de la arquitectura porque sus propietarios lo han sacado a Bolsa
dividiéndolo en numerosas acciones, demostración fehaciente de su contínua revalorización.

Mi reflexión es la siguiente: España vive un momento crítico desde el punto de vista económico y, por supuesto, desde el punto de vista social. Se está perdiendo lo que siempre ha sido imperdible: la fe. Nos tienen tan hundidos que hasta hay gente corriente convencida de que debemos sacrificarnos nosotros, no ellos, y a la que le parece bien que nos quiten los derechos sociales alcanzados después de tanto tiempo…

Ante el temor de que esa resignación provocada y colectiva nos lleve al límite, ¿no podría repetirse en nuestro país una ocurrencia similar a aquella iniciativa neoyorquina? ¿Afinar la imaginación y crear un motivo que ilusionara otra vez a los ciudadanos; algo que supusiera de nuevo la esperanza de que saldremos bien de esta caótica situación?

El Gobierno Zapatero lo intentó cuando envió dinero a los ayuntamientos para crear trabajo, pero ese dinero no fructificó como debiera. La idea no fue buena, porque, además de atomizarse y perder su eficacia, ni siquiera nos consta que se empleara totalmente para lo que se concibió. Tendría que ser una propuesta de mayor alcance y demensión, pública o privada, que nos diera algún motivo para creer que las cosas van a mejorar.

No sé, pero algo debiera ocurrírsele a alguien para que la agonía no se alargue. No creo que esta sugerencia sirva de nada frente a la jauría de doberman, agoreros y tremendistas que propagan el Apocalipsis desde sus lujosas mansiones y sus jets privados. Sin embargo, tenemos que proclamar el derecho que nos asiste a pedir nuestro propio Empire State, nuestra propia fórmula esperanzadora para reencontrarnos y sentirnos algo menos deprimidos. No pedimos una utopía.

(En la foto, un obrero descansa en la estructura del Empire State Building. Al fondo, la también famosa Torre Chrysler)

Una respuesta to “Queremos un Empire State”

  1. Carlos Pérez Ariza dice:

    ¡Mi reino por un Empire! Salud.

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