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Queremos la capitalidad turística

Antes, mucho antes, del estallido del “boom” turístico, allá por las postrimerías del siglo XIX y en los inicios del siglo XX, y debo anotarlo por establecer un punto de partida que se recuerda poco, Málaga ya era conocida internacionalmente por sus fiestas de invierno y por sus famosos Baños del Carmen, sus balnearios, sus playas de la Malagueta, lugares de encuentro de la gente bien, exaltados en bellos carteles “naif”, que atraían a gentes pudientes de Madrid y del extranjero y hacían intuir un futuro que, sin embargo, tardaría en llegar. Por aquel entonces el turismo, que se llamaba “veraneo”, era cosa de unos pocos privilegiados. Tuvo que ser la sorprendente avalancha de los años cincuenta la que brindara la más alta ocasión de desarrollo que nunca habrían de soñar, no ya la ciudad de Málaga –que pronto se desentendió del invento-, sino aquellos pueblecitos blancos, humildes y marineros, andaluces en fin, empobrecidos por una maldición secular.

 

Lo curioso y sorprendente fue, ya digo, que, llegado el momento crucial, y pese a haber sido pionera, la capital malagueña se automarginó de manera despreciativa y absurda de la revitalización que se estaba produciendo a su alrededor. Así, imbuida quizá de un prejuicio elitista que le hacía considerar al turismo como una actividad servil, inscribió en las aguas desbordantes del rio Guadalhorce una especie de lema numantino de “no pasarán”; abusó del

Málaga ciudad de la cultura

Málaga ciudad de la cultura

timbre de la caja registradora para llevarse los impuestos de la floreciente barriada de Torremolinos (arbitrariedad que originaría, a la postre, la temida y merecida secesión), se abandonó a su propia suerte y hasta hace bien poco ha estado pagando caro aquel pecado de orgullo e ignorancia que le hizo posicionarse en el vagón de cola del tren del progreso que era el tren del turismo.

Es bien cierto que muchos malagueños de “tronío” preferían entonces las costumbres de toda la vida de la playa oriental descuidada y ruidosa, la tortilla de patatas con arenas y hormigas, antes que importar los nuevos tiempos europeos de chiringuitos aseados, cómodas hamacas, hermoso silencio de los atardeceres y, en fin, el civilizado comportamiento de los bañistas en las playas del Bajondillo y la Carihuela. Mientras la cosmopolita calle San Miguel bullía de actividad frenética, humana y comercial; en tanto el turismo enriquecía los pueblos costeros, ¿qué era lo que ocurría en el paisaje urbano de la capital? Pues ocurría que las alamedas y las calles dormitaban solitarias bajo un sol agobiante y cansino, en el que no se dibujaba ninguna nube de futuro. Y mientras Marbella alcanzaba prestigio universal compitiendo con destinos grandiosos (hablo de antes, de mucho antes, de que Atila Gil apareciera por aquí), la capital malagueña seguía siendo una ilustre desconocida, cuyos únicos visitantes dedicaban el tiempo a comprar en El Corte Inglés, en lugar de girar la visita organizada.

 

Queremos la capitalidad turística

Queremos la capitalidad turística

Pero felizmente hoy Málaga ya ha encontrado su sitio y se ha convertido en la locomotora económica de Andalucía y se ha dotado, o la han dotado, de infraestructuras viarias, culturales, tecnológicas, turísticas y de transporte. La desidia quedó diluída en los tiempos de la ignorancia. Hoy es otra realidad.

No estamos aún en las cinco estrellas, pero me parece que es llegada la hora turística de Málaga. Ahora sí puede reclamar el título de capital de la Costa del Sol. Aunque para ese logro es preciso que se den algunas condiciones indispensables, como éstas: que quienes manejan estas cuestiones se enteren de una vez de que Málaga es ya una capital pujante con derecho a singularizar su imagen externa. Que aprendan que el turismo, estamos hartos de saberlo, son destinos y que los destinos se promocionan con nombres localizados, nunca abarcables e inconcretos. Que rectifiquen para acertar. Que se olviden de la tortillita de patatas bañada por la arena que los niños salpican con la pelotita…

(Publicado en el diario “La Opinión de Málaga”, el domingo, 22 marzo 2009)

Un comentario to “Queremos la capitalidad turística”

  1. Mariano dice:

    Málaga siempre ha ido a remolque de todo y de todos. Le volvió durante muchos años la espalda al turismo, no iba con ellos, y ahora siempre pelea por las ideas de los demás.
    Ya es hora de que Málaga piense por si misma y solicite para Málaga grandes proyectos. Sevilla a buscado una Olimpiada y ha peleado por ella. No la ha conseguido pero la ha peleado. Tengo que reconocer que tengo sana envidia de los Sevillanos por que se quieren mucho así mismos y para ellos todo es posible.
    Ideas al poder, por que en Málaga hay muchos malagueños que las tienen y no los escuchan.

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