Vuelva usted Mañana

Qué pasa con el 15 M

Daniel Cohn-Bendit, el legendario líder del Mayo francés del 68, por entonces anarquista y hoy reciclado ecologista y eurodiputado por los Verdes Europeos, ha reconocido, cuarenta y tantos años después de la histórica revuelta estudiantil, que, visto desde ahora, a aquel movimiento le faltó cierta sensibilidad democrática. Nada que ver, absolutamente nada que ver, entre el Mayo francés, apoyado por ideólogos revolucionarios, con participación activa de 600.000 estudiantes y de millares de obreros, que pusieron patas arriba al Estado francés y se hicieron dueños de Paris por unos días; nada que ver, digo, con la sentada pacífica de los “indignados” españoles, instalados, pulcra y ordenadamente, en la Puerta del Sol y en muchas capitales de provincia, llamando la atención mediática pero sin definir sus reivindicaciones.

Dany el Rojo, nombre de guerra de Cohn-Bendit, expresa de esta manera, en una entrevista reciente, su reconocimiento tardío: “Hoy sé que no hay ningún movimiento que esté limpio. Los movimientos siguen en su curso un proceso forzoso de dogmatización ideológica, porque sólo de este modo pueden conseguir la fuerza necesaria para atajar la resistencia. También se puede ver en los movimientos ecologistas o en los de las mujeres. Discutiendo una vez con Jürgen Habermas sobre 1968 y sus consecuencias, le dije que nuestro mayor fallo fue la carencia de sensibilidad democrática.”

Descartemos, entonces, cualquier parecido de nuestro 15 M con el recordado Mayo francés del 68. El paso del tiempo, a mi entender, demuestra que aquella ilusión que nos embargó a los jóvenes de entonces sirvió para que Europa entrara poco a poco en modernización y en avances sociales, aunque hay quien sostiene que tanto esfuerzo no mereció la pena. Tal vez, como reconoce Cohn-Bendit, hubieran conseguido mucho más aprovechando las oportunidades del propio sistema y no situándose violentamente fuera del mismo. Y en cuanto a los actuales movimientos sociales de Túnez, Siria, Libia, que tanta sangre está costando, tampoco encontramos similitud alguna con la actitud pública de nuestros “indignados”. Aquellos piden, desesperadamente, la democracia que nosotros tenemos, que ven por la tele, y de la que sus países carecen; una democracia con logros sociales que algunos gobiernos quieren imitar. Esa es la pura verdad.

Lo que nos falta, porque las herramientas se oxidan de no usarlas, es ejercer de forma participativa esa democracia, que es lo que creíamos iban a demandar con urgencia y contundencia los acampados. Forzar rápidamente, y como sea, la forma de generar empleo y bajar la tasa de los cinco millones de parados, generando ilusión colectiva. Actualizar y acomodar la democracia a los nuevos tiempos de Internet dejando atrás convencionalismos del siglo XX, mera historia ya. Flexibilizar el sistema, que se ha vuelto rígido. Abrir la participación, y con ella las listas electorales. Poner firmes a los dueños del dinero, a los bancos, que han cerrado los créditos a pequeños y medianos emprendedores exigiéndoles garantías usureras sin perder ni un minuto en averiguar si los proyectos que se les presentan son o no viables. Y que las hipotecas no se conviertan en tortura económica, ruina y quiebra de tantas familias, obligadas a firmar ininteligibles letras menudas de crípticos contenidos. Regenerar, en una palabra, el sistema democrático en el que quepamos y juguemos todos.

Tras la aplastante victoria electoral de los populares –solo “viéndolas venir”-, y ante la perspectiva de que una inminente nueva “paliza” tiña totalmente de azul el mapa político de España, las cosas se complican para quienes aspiran a cambios tan radicales. No me imagino a los vencedores dulcificando condiciones laborales, abriendo listas o regañando a los ricos, con lo felices y eufóricos que andan ahora con sus fieles que les votan todos, haga frio o calor, como hacía la izquierda en la Transición. Los socialistas, por su parte, castigados por despreciar la crisis, por el paro, por la Ley Sinde –el eficaz “no les votes”- , por la abstención, los votos nulos, los votos en blanco y algún castigo más (que le han supuesto el éxodo de dos millones de votantes) se entretienen en luchas sucesorias, en despreciar e ignorar a los veteranos que tanta gloria dieron al partido, y en discutir si son galgos o podencos. En tanto en cuanto, los que piden “democracia real” esperan sentados. ¿A qué?

(Artículo publicado en “La Opinión de Málaga”, domingo, 29 de mayo 2011)

Una respuesta to “Qué pasa con el 15 M”

  1. Maria de Loma dice:

    Has pensado que las personas que han teñido de azul el país, es porque estamos cansados de tantas prohibiciones ? Eso es democracia?

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