De pronto, aparece Obama como el árbol caído. ¡Qué ganas le tenían! Las jaurías rabiosas se han lanzado a por los despojos de lo que ya consideran una esperanza destrozada. Unieron sus esfuerzos los ultras, los militaristas, los amigos del rifle, los enemigos de lo público, los extremistas, los xenófobos, los homófobos, los viejos amos de la América profunda, los millonarios de las finanzas, los ejecutivos de las poderosas industrias de la muerte y de la farmacia, éstos últimos tambaleantes por culpa de alguien empeñado en dar sanidad a los descamisados y no pertrecharlos de armamento y enviarlos a los mataderos vietnamitas o iraquíes. Se unieron todos porque esa molestia llamada Obama debía sufrir un escarmiento electoral – “una paliza”, dicen ellos con mucha propiedad- y es llegado el momento de apabullarlo con su superioridad en las Cámaras, con sus fortunas, con sus discursos amenazantes. Es llegada la hora de aplastar mediáticamente a la débil infantería del ingenuo negro que ganó la Casa Blanca con la aportación de los dos dólares per cápita que le daban los marginados, los jóvenes sin empleo, la gente de color, los inmigrantes, los desvalidos y una buena parte de la gente del cine, la cultura y la intelectualidad, militantes de la vergüenza y la dignidad que, sin embargo, no han sido capaces de repetir el esfuerzo y darle en las narices otra vez a los reaccionarios.
¿Han vencido ya a Obama? Ellos se las prometen muy felices para las presidenciales del 2012, porque constreñirán su gobierno progresista atándolo de pies y manos. Pero a mi me parece que no, que no les va a resultar tan fácil. Quedan dos años para que el discurso inicial se recomponga, para que los que ahora se sienten defraudados (porque no han salido adelante todas las reformas) vuelvan a creer que es posible superar la intransigencia, el egoísmo, el racismo de esos energúmenos amparados en el movimiento ultraconservador denominado Tea Party.
Tengo claro que voy a seguir siendo de Obama por algunas razones que para mi son contundentes: Porque es la única esperanza que nos queda a quienes creemos que no siempre tienen que ser las cosas como quieren los ultraconservadores. Porque puso freno, siquiera de momento, a la política de destrucción masiva del belicoso e indeseable Bush; porque puso en pie de paz a legiones de desfavorecidos y marginales, negros y pobres, a los que alimentó de fe y esperanza en un tiempo de injusticia social y para los que ha hecho una reforma sanitaria histórica, que aquí parece escasa, pero que en América es calificada como excesivo gasto público, razón principal del castigo electoral. Seguiré siendo de Obama porque ha conseguido que un sueño “inalcanzable” empezara a hacerse realidad. ¿Quién pensaba que resultaría fácil para un candidato de raza negra, de origen musulmán, llegar hasta la Casa Blanca y, una vez allí, acabar con privilegios seculares, odios de raza, marginaciones? Tan solo el hecho de la nominación como candidato oficial a la presidencia de los Estados Unidos fue, tres años atrás, una utopía. Pero funcionó porque el mensaje fue limpio y llegó directamente al pueblo. Aquellas palabras, aquellas promesas, sonaban a esperanzas nuevas, a nuevas formas de libertad, a derechos humanos, a derechos dignos. Y prendieron. Pero republicanos y adláteres sostienen el discurso de la individualidad, el de la no intromisión del estado en el ciudadano, su gran pretexto para dominar al país y mantener alejados a los desclasados. Han sabido vender como terroríficos para la ciudadanía los planes de Obama, lo costoso de dar sanidad pública a 30 millones de necesitados, y lo han derrotado.
Queda atrás el famoso “Yes, we can” y el “Change”. Pero deben mantenerse vivas, vigentes, otras frases pronunciadas cuando fue investido como 44º presidente de los Estados Unidos. Valentía frente a intransigencia: “Hemos elegido la esperanza por encima del miedo”. Cambio climático y aviso a navegantes: “Aprovecharemos el sol, los vientos y la tierra para hacer funcionar nuestros coches y nuestras fábricas.” Y, en el fondo, resonando con fuerza, las palabras de Martin Luther King que es su fuente de inspiración: “Yo tengo un sueño: Que un día en las coloradas colinas de Georgia los hijos de los ex esclavos y los hijos de los ex propietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la hermandad”.
Está muy claro porqué sigo siendo de Obama. Porque veo que en dos años será un presidente más necesario que nunca, porque su política de progreso, de paz y de bienestar es la única opción que tienen los que nunca han tenido opciones.
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(Artículo publicado en “La Opinión de Málaga”, domingo 7 de noviembre 2010)
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¡Yo también sigo siendo de Obama! Como siempre, expresas en tus posts perfectamente lo que otros muchos pensamos y no tenemos la capacidad de explicar de manera tan clara.
Ojalá haya muchos más Obamas. En nuestra ciudad, comunidad, pais…