Sabemos bien por quiénes está representada la política y quiénes la ejercitan. En cuanto al dinero conocemos que es patrimonio exclusivo de los banqueros y de sus paniaguados y en lo tocante a la religión, en este caso nos referimos a la Iglesia católica y más concretamente a sus altas jerarquías, de forma especial a los obispos. Pues bien, Política, Dinero y Religión son los poderes fácticos en los que menos confían los ciudadanos españoles, según una reciente encuesta de Metroscopia (20 de julio pasado) para “El País”. En una puntuación del cero al diez, los políticos ocupan el último lugar (con 2,6) entre más de cuarenta instituciones y grupos sociales. Le anteceden los partidos políticos (2,8), los bancos (2,9), el Gobierno (3.0), los obispos (3,1) y los sindicatos (3,3), que también van bien despachados.
A quienes más quieren los españoles, o en quienes más confían, son los científicos (7,4), los médicos ((7,4) la Universidad, la sanidad pública, la policía, la seguridad social, los intelectuales y algunas otras instituciones como la guardia civil, los militares, las ONG, el Rey, o grupos sociales como los abogados, los notarios y los pequeños y medianos empresarios.
La Prensa sale medio regular. Es diferenciada en la encuesta –realmente no sé porqué si ambos soportes son Periodismo- en Radio y en periódicos. La radio se ve favorecida con un 5,8, en tanto la prensa escrita baja a un 4,7. La televisión, obviamente, desciende a 4,1. Y mucho es, para el basureo que predomina.
No recuerdo, desde los tiempos de privilegio histórico que me tocaron vivir como periodista en la transición, una consideración popular tan escasa hacia mi gremio, y sobre todo un desprecio mayor hacia el gremio político, como los que se dan ahora. Y tiene sus explicaciones. Los políticos de entonces tenían “hambre” de política (no de politiquilla) y debían despertar una esperanza seria de libertades en una ciudadanía cansada de tener la boca cerrada, y tuvieron que reinventar un país, dotarlo de democracia, incluirlo en Europa, archivar odios y rencores, nada de lo cual hubiera sido posible sin fuertes dosis de lealtad, entusiasmo, solidaridad, fe en un futuro mejor, valentía para lograr los propósitos, entrega…, valores de decencia que la gente suele reconocer y aplaudir. En cuanto a la Prensa, también todos nos comprometimos en la medida cada uno de nuestras posibilidades y circunstancias. Y se alcanzó predicamento y reconocimiento, tanto en los diarios, que llevaron casi todo el peso del relato y la crítica, como en la radio que brilló estelarmente en momentos cruciales.
Hoy todo es distinto. Alcanzados los grandes objetivos de situar al país en un lugar preeminente dentro de Europa y del mundo, la actividad política se ha adocenado y han vuelto a enfrentarse las dos España. Los grandes partidos se han rearmado con artillería especializada en bombazos injuriosos contra el rival y se han dotado de francotiradores con muy mala leche que disparan directamente al corazón. Espectáculo deleznable. Y diario.
En cuanto a la Prensa actual, dentro de ella hay dos bandos instalados en el sectarismo cuyas opiniones están descaradamente al servicio del partido que les protege. Y ahí se incluyen nombres sonoros del Periodismo que ofrecen cada día esa materia viscosa con que se fabrica el odio. Es imposible hacerse creíble con tergiversaciones, verdades a medias, mentiras completas, informaciones sesgadas y opiniones sectarias y gritonas, que sólo sirven como alimento espiritual para quienes ya van bien provistos de semejante vianda ideológica.
Pero, volviendo a las otras dos instituciones que lideran por abajo el ranking de recelos de la ciudadanía –banqueros y obispos-, aquí también se justifica tanta suspicacia. Los banqueros hacen lo que les da la gana… con nuestro dinero. Se les silencian sus escándalos. Se triplican a sí mismos el sueldo ante el cabreo de millones de parados, te dan préstamos si no los necesitas, te los niegan cuando más falta te hacen, te arruinan con las hipotecas… Los obispos, por su parte, parecen empeñados en hacer cursos intensivos de cómo alejar de su iglesia al rebaño. Oscurantismo con los escándalos de pederastia; ostentación, boato, intolerancia con las libertades personales, justo lo contrario de los principios cristianos que dicen predicar: amor al prójimo, caridad, solidaridad, pobreza. Así, ¿quiénes los van a apreciar?
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(Artículo publicado en “La Opinión de Málaga”, domingo, 14 de agosto 2011.)