Casi todo el mundo sabe esto. El poeta cubano José Martí dejó escrita, a propósito de nuestro efímero paso por la vida, la siguiente frase: “Hay tres cosas que cada persona debería hacer durante su vida: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro“. Naturalmente, no se trata de un “mandato” filosófico o social al que haya que hacer caso en toda su literalidad. En absoluto. En realidad, la frase del famoso político y periodista no es sino una metáfora que nos advierte de la necesidad de dejar cierta huella vital, crear o ayudar a crear algo, perpetuar nuestra especie, cuidar y proteger a la naturaleza… O sea, no dejar transcurrir nuestra vida como la de un vegetal inerte. Al contrario, participar, actuar, ser solidario, ser digno, tomar conciencia de los valores humanos.
Soy autor de dos hijos y padre de cuatro libros, así como suena. De manera que, hasta ahí, he cumplido dos tercios de la recomendación del universal filósofo rebelde cubano. Quiero tener más libros, eso es cierto, y de hecho estoy embarazado de algunos, pero más hijos no sé yo…
Me faltaba únicamente el árbol y ya por fin lo tengo y me dispongo a plantarlo. Se trata de un pino piñonero que el diario “La Opinión de Málaga” facilitó a sus lectores el pasado domingo 30 de enero, en la que creo es la mejor y más culta promoción que haya hecho jamás un diario. Lo habitual es que los periódicos, en su obsesión promocional, te regalen morralla doméstica, películas descatalogadas, colecciones obsoletas, toda clase de cacharros, abalorios y baratijas. Sin embargo, “La Opi”, como cariñosamente la llamamos sus fans, ha hecho algo muy especial que a mí, al menos, me ha sorprendido favorablemente y que, ignoro porqué, no ha recibido todos los plácemes y felicitaciones que se merece, aunque, en honor a la verdad, su ecológica iniciativa ha sido bastante bien acogida. Es la primera vez, que yo sepa, que un periódico regala naturaleza a sus lectores. Concretamente, un esqueje, un pimpollo o un plantón (no sé exactamente cuál es el nombre adecuado), una miniatura que crecerá hasta convertirse en un precioso pino piñonero. La colaboración necesaria la ha puesto el Ayuntamiento de Málaga, al que felicito cordialmente. Regalar un árbol es, para mi, más hermoso incluso que regalar un buen libro.
Plantar un árbol es plantar vida. Los hijos, mérito indiscutible del sentimiento, la fortaleza y la ternura femenina, vienen sin esfuerzo para nosotros los hombres. Y los libros, en mi caso, son simplemente el añadido de unas horas más a mi trabajo habitual. Estoy satisfecho por cumplir un objetivo largamente apetecido: ayudar personalmente a que nuestro entorno sea más natural y más vivible.
De todas formas, en la vida no solo deberíamos cumplir con esta triple metáfora poética. A tan bellas propuestas de realización personal tendríamos que anteponer un mandato mucho más esencial. Me refiero al mandato divino de amar, un sufrimiento que lleva implícito como premio un gajito de felicidad. Y hablo también del deseo de ser amado, que todos tenemos.
Qué fantástico sería que los periódicos como “La Opinión de Málaga”, además de porciones de naturaleza viva, pudieran incluir también en sus promociones gotas de auténtica esencia de eso que llaman amor.
Lo que quiero decir es que estoy realmente contento con mi arbolito.
La mejor huella es la del día a día, la que transforma tu realidad y la de los que están cerca de ti. Uno no es como piensa sino como actúa. La trascendencia final es aleatoria.
Para regalar amor hay que saber amar.
Me encanta lo de tu arbolito, estoy seguro de que tendrá raíces sólidas. Enhorabuena.
Un abrazo, maestro.