Sigo creyendo que lo más importante para el periodista es contar bien las noticias, las cosas, escribirlas, redactarlas, editarlas. Y que las tecnologías y el soporte a través de los cuales se expresa deben ser de última generación, pero siempre complementarios, nunca prioritarios. La noticia es lo que realmente cuenta y lo que de verdad debe contarse. O la crónica, el reportaje, la entrevista, el artículo, el comentario. Así fue siempre, desde los rudimentarios inicios de la pluma de ave y el tintero hasta los versátiles ordenadores con sus revolucionarios programas de autoedición. Y así debiera seguir siendo.
Observo en los periódicos digitales, en los blogs, que muchos periodistas, afortunadamente no todos, se esclavizan con los vínculos, los enlaces, el hipertexto, los hipervínculos y todas esas disciplinas y moderneces que se renuevan cada día y sin las que se sienten huérfanos de profesionalidad. No sé realmente porqué se subordinan más a la aplicación de las herramientas y útiles tecnológicos que a sus propios escritos. Opino que ahí pierden esencia periodística. Y se les nota. Se nota en infinidad de casos la ausencia de “alma” en lo que escriben, la frialdad, atentos como están a la dependencia tecnológica. Muy bien lo de estar “a la última”, lo de conocer todas las posibilidades que nos ofrecen los avances informáticos, pero, en el caso de un periodista, de un escritor, sigo pensando que lo esencial es la historia que cuenta, el artículo, el trabajo, que deben quedar limpios, frescos y aislados para su mejor comprensión y disfrute. No es casual que los mejores columnistas, los mejores escritores, nos ofrezcan sus reflexiones, sus escritos, con la ayuda estricta de la imprescindible tecnología, en tanto un sinnúmero de nuevos profesionales dedican más tiempo, adornos y espacio a la subordinación tecnológica que a lo que quieren contarnos. Les parece más importante el envoltorio que el contenido, temen más la crítica de los expertos en la red que la opinión de sus propios lectores.
Seguro que los “modernos” me crucificarán, pero debieran saber o quizá sepan que, al igual que los “community manager” asumen hoy un rol imprescindible para una buena gestión en las redes sociales, los periodistas deben asumir el suyo para proporcionar una buena información. Antes, en tiempos heroicos, se escribía a máquina y resultaba engorroso tener que machacar los errores con la letra “x” y reescribir y cambiar de folio hasta que el trabajo quedaba legible y limpio. Pero como era lo “último” todo dios estaba encantado con su Underwood, su Remington, su Continental, su Olivetti eléctrica. Y de pronto llegaron IBM y luego Apple con sus prodigiosos inventos y, a partir de ahí, las gloriosas máquinas de escribir se volvieron lentas y obsoletas y fue cuando descubrimos la verdadera versatilidad, la auténtica rapidez, la maravillosa estética que nos brindaban las computadoras. Y nos adaptamos en un santiamén y ya no imaginamos escribir si no es con una pantallita delante en la que redactamos y corregimos a capricho y voluntad.
La eclosión universal de Internet y la continua aparición de programas cada vez más espectaculares han rematado la última jugada de la tecnología, una jugada que está volviendo locos a muchos compañeros incapaces de seguir el ritmo vertiginoso de innovaciones.
No tendría que ser tan difícil coger de la tecnología únicamente lo que nos viene bien para nuestro trabajo y dejar los otros inventos para quienes los necesitan de verdad. Lo contrario, estoy seguro, va en detrimento de las funciones específicas del “escribidor”. Para mi no hay Periodismo 2.0 ni Periodismo 3.0 ni Periodismo virtual ni digital. Sólo hay Periodismo y soportes para ejercerlo. Y periodistas, claro.
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(En coherencia con mis tesis he prescindido de hipervínculos en este post)
Hola, yo también empecé a escribir con una Underwood, eran fantásticas. En el colegio de monjas dejaban las máquinas antiguas los alumnos jóvenes y las eléctricas para los que estudiaban oposiciones. Así que estuve dos años en mecanografía con el babero puesto para no mirar las teclas.
La verdad es que se escribía de otra manera, era un ritual más solemne, había que tirar el papel si había errores, se volvía uno perfeccionista y exquisito a la hora de plasmar en la hoja en blanco.
¿Por qué supeditamos el periodismo a las tecnologías, cuando sólo es necesario papel, lápiz y ganas de contar algo?
No lo sé, se nos dice que tenemos que estar en la cresta de la ola en innovación, pero no se fomenta la creatividad, ni la búsqueda del estilo.
Quizá con lo enlaces e hipervínculos se tiende completar las ideas que no somos capaces de traducir en caracteres. Por ahorrar tiempo, espacio. O por imitar las derivas del pensamiento, cuando una idea enlaza con otro. Pero realmente eso tampoco es Periodismo.
Un saludo
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( http://reflejos-juegos-de-espejos.blogspot.com/ )