Dice la escritora argentina Claudia Piñeiro que el mejor periodismo surge de aplicar los viejos métodos a las nuevas tecnologías. Y es absolutamente cierto. La revolución virtual de la red ha roto fronteras reales, ha aumentado poderosamente el intercambio de conocimientos entre personas y países, está propiciando una participación global sin precedentes, casi todo es ya interactivo, especialmente la comunicación on line; brotan como hongos las páginas webs y los blogs personales en los que todo quisque informa y opina a su libre albedrío… todo está cambiando en la comunicación. Ha estallado una forma de libertad de expresión que no conocíamos: la libertad de comunicación virtual y anónima. Aunque hoy día es mucho mas libre Internet que tres cuartas partes de las naciones del mundo, también es cierto que la infamia y la indecencia habitan sin dar la cara en los entresijos de la red. Pero…
Pero el tratamiento informativo se ha deteriorado, o, por decirlo más exactamente, ha entrado en los territorios de la confusión, la duda, la falta de credibilidad, la manipulación, la ausencia de profesionalidad. Sólo determinados medios serios en los que la información la elaboran periodistas y no diletantes se salvan de esa quema en la que arden los viejos principios del periodismo bien hecho.
“El peor enemigo del periodismo no es la corrupción, sino la mediocridad”, afirma el periodista y escritor Valentín Puig. Pareciera que los periódicos hubieran dejado de contarnos y explicarnos el mundo como lo habían hecho antes, para pasar a considerarnos y tratarnos como simples consumidores de los productos que promocionan cada dia.
El periodismo actual, envuelto en crisis económicas y de transiciones tecnológicas, necesita clarificar su situación. Seguro que sobrevivirá porque es más que un oficio, más que una profesión, más que una institución. El periodismo es la herramienta de contestación del ciudadano frente al abuso de poder, el periodismo es la plataforma desde la que llega a la gente lo que le sucede a otra gente. Como la materia misma, no puede ser destruido, si acaso transformado. Pero transformado sin perder su esencia. Y esa esencia hay que buscarla en las épocas en que la Prensa representó para la sociedad su papel más digno y eficaz. Hay que volver a los viejos métodos, como dice Claudia Piñeiro, para usarlos con la aplicación de las nuevas tecnologías.
Tendrá que hacer el periodismo un viaje al pasado, pertrecharse bien con las dignidades y valores perdidos y regresar al futuro con las alforjas llenas de los preceptos clásicos.
No soy fanático de mandamientos y normas, pero por esta vez me atrevo a sugerir algunas de las esencias del periodismo bien hecho que, por dejación y comodidad y por el choque frontal entre lo convencional y lo tecnológico, se han ido perdiendo por el camino.
Sugerencia una: que los medios de comunicación (impresos, digitales, audiovisuales) vuelvan a estar bien escritos, bien titulados y bien hablados. Se ha generalizado la tendencia a emplear un léxico pobretón de contadas palabras achicando el lenguaje periodístico, tan rico otrora. Hasta no hace mucho, a los periodistas se nos instaba a que cuidáramos la redacción de los textos y la claridad y concisión de los titulares. Los periódicos, nos decían, deben estar bien redactados, bien escritos. Y estaban bien escritos, valor añadido que proporcionaba a los lectores un plus a la hora de comprar la prensa.
Sugerencia dos: que vuelva a practicarse el reporterismo, quintaesencia de la buena prensa de siempre, Desde tiempos remotos, desde épocas. por ejemplo (gloriosas para la profesión), en que Madrid tenía más de treinta diarios, seis de los cuales superaban los cien mil ejemplares de tirada; desde entonces, y aún antes, los reportajes han dado vida a los medios de comunicación. El precepto de que a la gente le interesa la gente alcanzó siempre su máxima expresión en el reporterismo. El reportero pertenece a la “firts class” del periodismo, cualesquiera que sean los temas que trate o retrate. Y
Sugerencia tres: que la estética (el continente, el diseño) esté a la altura de la ética (el contenido, las ideas). Que todo resulte sencillo, aunque sea lo más difícil de alcanzar.
Como acostumbras, principal reflexión sobre el Nuevo Mundo periodístico. Reenviado a Twitter & Facebook. Salud!!!