Cada año, el inquieto Javier Bauluz, guerrero de las noticias, profesor universitario y ganador de un Premio Pulitzer, organiza en su Gijón natal el “Encuentro Internacional Foto Periodismo” que cumple dos de nuestros preceptos clásicos: informar y formar. A Bauluz, que no ha habido nunca quien lo calle, le importa menos el tercero de los mandamientos, que es el de deleitar. No tiene intención de agradar (simpatía personal aparte), sino de retratar las cosas tal y como son.
Este año, la estrella del congreso ha sido Bru Rovira, Premio Ortega y Gasset, otro caballero andante de la verdad periodística, quien, tras veinticinco años de labor, acaba de dejar “La Vanguardia” de Barcelona por “manifiesta incompatibilidad de caracteres”. Rovira ha puesto a parir a su ex periódico y ha estampado una especie de decálogo descorazonado para quienes quieran ejercer el oficio. Debo decir que me enteré al momento de todo esto porque Rafa García, al loro siempre, me advirtió en seguida del post que, en su magnífico blog, escribía Ramón Lobo, quien daba cuenta de las palabras y gestos de Bru Rovira.
Con estos tres colosales periodistas, reporteros de guerra, héroes anónimos de la narración dramática, he tenido la suerte de compartir vivencias inolvidables en el proyecto “Ciudad del Periodismo” que dirigí desde su creacion, en 2004, hasta sus últimas actividades en 2008.
Lobo, Bauluz y Rovira pasaron por nuestros Seminarios internacionales “Reporteros de Guerra”, el último de los cuales, desarrollado en el Paraninfo de la Universidad de Málaga, constituyó una de las mejores lecciones prácticas para alumnos (asistieron más de quinientos) que yo haya presenciado jamás.
Es alarmante que los mejores –Bru Rovira, por ejemplo- se descuelguen de los grandes medios y comiencen una navegación en solitario, quizá porque las empresas no se comprometen con las noticias en la misma medida que ellos. Así fue siempre. Y así sigue siendo. Lo que ocurre es que ahora, además, la Prensa está rodeada por las nuevas formas de comunicación global y no sabe si continuar titubeante o unirse al enemigo. Rovira, progresista donde los haya, afirma que cree en la supervivencia del papel impreso, aunque por ello pueda ser tachado de viejo. En cualquier caso, la cuerda suele romperse siempre por la parte más débil, que ya sabemos cuál sería.
Javier Bauluz es un tío alegre con un corazón que se le sale y un objetivo muy fino para captar la verdad más dolorosa. De él tengo una foto coral que nos hizo a un grupo de compañeros. Nos mandó posar bajo una reproducción mural del Guernika. Ramón Lobo es, podríamos decir, un periodista químicamente puro, en el que coinciden raramente vocación y destino. Guardo de él una frase: “La Prensa, en pocos años, tendrá que reconducirse y volver a contar historias; ahí está su supervivencia”. Y Bru Rovira, genuina representación del periodismo más serio y comprometido, es un hombre cabal que denuncia continuamente la angustiosa situación de los seres humanos que pueblan el continente negro. Conservo en la memoria una amena charla sobre sus viajes como reportero y sobre la profesión en general, mientras trajinábamos por entre las librerías de Málaga en busca de “Africas”, su último libro editado.
Fue una suerte poder aprender de estos tres genios del periodismo internacional, en ese programa “Ciudad del Periodismo”.
El cuarto eres tú, que sigues conservando esa magnífica habilidad con las palabras. Gracias por tus artículos diarios.