Vuelva usted Mañana

Periodismo: En busca del tiempo perdido

El periodismo se está convirtiendo en el banderín de enganche de las modernas y extravagantes tropas sociales de la red. Qué tropas. No hay gaznápiros ni especímenes indocumentados que se precien que no detenten, con descaro, arrogancia y sin vergüenza –sobre todo sinvergüenza-, este castigado y viejo oficio de contador de noticias y de historias. Ya el ordenador, la moqueta, el silencio, los recortes y la expulsión de los tipos raros, habían despojado de bohemia, esencia y alma a las redacciones. Al Periodismo sólo le faltaba la invasión de los frikies que, indefectiblemente, llegó por via digital, terrestre y por satélite.

Al contrario de lo que parece evidente, el advenimiento de las santas tecnologías ha producido un parón en el progreso periodístico. Y ese tiempo de averiguaciones y adaptaciones viene a ser un tiempo perdido que ahora tendremos que recuperar porque los experimentos que entrañan peligros de impericia, en lugar de hacerse con gaseosa, se vienen haciendo por el viejo método de a ver quién inventa más gilipolleces. Menos mal que de tal impasse, de tal parón desgraciado, nos van a sacar dos personajes realmente profesionales, de forma y manera que la transición del diario impreso al digital se va a hacer con toda la lógica del mundo, sin extravagancias ni sobrecargas, con la naturalidad de quien da un meditado salto hacia delante y no un alocado salto al vacío. Lo explico, si puedo, en dos palabras. Rupert Murdoch, el acreditado y conservador magnate de la prensa mundial, defensor máximo de los diarios de papel, se ha asociado con el progresista Steve Jobs, creativo número uno de la innovadora firma Apple y propulsor de las más avanzadas tecnologías aplicadas a la comunicación. Y de esta unión ha salido el proyecto inminente de crear el primer periódico diseñado exclusivamente para la tableta iPad. El producto periodístico no tendrá edición impresa ni versión on line. Esa es la principal novedad. Se descargará por un dólar semanal y tendrá la apariencia de la prensa tradicional en formato tabloide pequeño.

Elaborado por cien periodistas, redactado sin enlaces que corten el ritmo, sin aditamentos que fastidien la lectura, como el periódico de siempre, con noticias y opinión, con destacados especialistas y variadas secciones, fotos y vídeos, su confección se adaptará a un soporte ligerísimo de peso, cómodo, portátil, que, con el tiempo, terminará pareciéndose, por finura y textura, al papel de toda la vida. Un cambio absoluto, práctico y sencillo, sin el apocalíptico trauma agorado por los acosadores de Gutenberg, esas criaturas frías, locas por meterle fuego a las bobinas a ver si, de paso, arden también las rotativas. El Periodismo no tendrá su Waterloo.

No podía ser de otra forma si se juntaban el hambre y las ganas de comer, si se ponían de acuerdo los jefes de dos imperios que se necesitan, uno porque no quiere que lo arrasen los vientos del progreso y de la crisis y el otro porque, para seguir progresando, necesita alimentarse del talento (oxígeno de auténtico periodismo) que sólo genera el trabajo perfeccionado durante quinientos años. Las dos energías contrarias han generado, por sorpresa, una sinergia imparable, de la que bien podría surgir la nueva Prensa seria. Y de ahí bien podría el Periodismo retomar su influencia social y política y reasumir su importante papel crítico en una sociedad, dominada por la pura especulación, que se rompe cada día más por falta de valores éticos y ciudadanos y por la escandalosa y dañina prevalencia del poder financiero sobre el democrático.

El nuevo y experimental diario, “The Daily”, tendrá su sede en un rascacielos de Nueva York, supondrá una inversión inicial de 30 millones de dólares, pretende alcanzar quinientos mil lectores en cinco años, potenciará la opinión, se producirá por la noche para ofrecer la edición a primeras horas de la mañana y renovará sus contenidos pero a ritmo lento.

Era el nexo entre tradición y progreso que tanto se buscaba y que sólo podían inventar dos genios de la comunicación. Steve Jobs, el más avanzado de los dos, dice que “disfruta leyendo los diarios de papel el domingo por la mañana”, algo que traduce como una esperanza para los impresores. Y el viejo Murdoch vaticina larga vida a la prensa convencional. Con suerte, muy pronto leeremos “La Opinión” en el iPad. Y no echaremos de menos lo divertido y lo humano que nos resulta todavía leer la prensa acompañada de un buen desayuno, siempre y cuando la revolución tecnológica no transmute el cafelito y los churros. Y el pitufito a la catalana.

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(Artículo publicado en “La Opinión de Málaga”, domingo 28 de noviembre 2010)

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