El profesor José Antonio Marina me enseñó que la belleza está en lo aparentemente pequeño e insignificante. No es que me lo enseñara a mí en particular, es que se lo he leído en artículos periodísticos y en algunos de sus muchos libros. Y a medida que pasa el tiempo uno va descubriendo esa grandiosidad de lo minúsculo, no sólo en las cosas, también en las personas, en los gestos, en los comportamientos. Experto en la defensa a ultranza de la dignidad, el escritor y filósofo Marina, que adora las plantas y tiene un invernadero cuajado de orquídeas, se recreaba en cierta ocasión describiendo lo impresionante de un pequeñísimo brote surgido espontáneamente entre la dureza del cemento en una rendija de la pared. Le fascinó aquel capricho natural aparecido en su jardín mucho más que el conjunto de bellísimas flores que lo rodeaba.
Ocurre igual con las actitudes personales, con los pequeños detalles que, en realidad –eso sí lo tengo observado desde tiempo ha-, revelan grandes situaciones. En este tiempo de penurias, si nos fijamos bien, observamos que quienes más hablan de la crisis son quienes menos la padecen: los políticos, por ejemplo. O los banqueros. Se nota la fatuidad del discurso, la falta de convicción, el teatro. No hay en ello evidencias pequeñas, son grandes ficciones. En cambio, la gente a la que no le va tan bien, procura sacarle jugo a la vida cotidiana sin detenerse en tanto lamento. Y se les adivina la conformidad a través de demostraciones apenas perceptibles. No van a poder permitirse algunos extras a los que se habían acostumbrado, quizá. pero tampoco van a dejar de tomar unas cañas ni se van a amargar por oír continuamente la matraca falsa y alarmista de los cantamañanas televisivos. En eso también radica la belleza, en la aceptación desenfadada de lo inevitable, en sublimar el comportamiento ante la adversidad, en utilizar para ello palabras aparentemente insignificantes que, sin embargo, encierran una gran filosofía vital; en eso consiste también la belleza: en vivir lo bello.
Sé, como todos sabemos, que la crisis está aquí, golpeándonos, esta crisis y otras, pero no quiero hacerles la ola. Prefiero, como el filósofo, mirar lo insignificante que nos rodea. Y encontrar ahí grandes motivos de belleza.
Es un placer leerte cada dia.
Fantastico el blog. Un abrazo, Rafael.