Dos zonas deprimidas, marginadas durante siglos de las rutas del progreso, conforman la línea fluvial fronteriza del Guadiana entre España y Portugal. Son El Andévalo, de Huelva, y el Baixo Alentejo lusitano. Hasta allí se llevó en su momento una iniciativa de potenciación turística, que tanta falta les hace.
Cuando Mariano Crespo y yo hicimos el libro “El Andévalo y el Baixo Alentejo”, financiado con fondos de la Unión Europea y editado por la Junta de Andalucía, me permitía decir en el prólogo: “Creo que este trabajo, en el que hemos concentrado los atractivos del Andévalo y del Baixo Alentejo, dos zonas limítrofes, separadas, pero cada vez más unidas, responde mucho más al interés del viajero en busca de la sorpresa que al del turista previsor y organizado”. Aquello fue un reportaje periodístico en toda regla.
Hay dos formas muy distintas de conocer el mundo: una, desplazándose como turista confortable, con viajes y visitas programadas, y otra, Antonio Machado dixit, haciendo camino al andar, como simple viajero de ojos curiosos, con todo un paisaje nuevo por descubrir. El turista, en cierta medida, es un viajero limitado o acotado en sus movimientos, pero el viajero es un descubridor libre de las otras vidas.
Nos encontramos ante el paisaje, apenas diferenciado, de una comarca hispano lusitana, una tierra culta, hospitalaria, rebosante de interés histórico y humano, poblada de hermosas huellas del pasado y fuera todavía de las grandes corrientes y circuitos turísticos. El Andévalo y el Baixo Alentejo lo conforman pueblos llenos de encanto que conservan la riqueza de su patrimonio histórico, el intrincado y sorprendente laberinto de su geografía urbana, el legado intacto de las tradiciones más genuinas, y, sobre todo, el caracter amable de sus gentes, pero también ambas zonas se nos muestran, al mismo tiempo, como una comarca agraria o minera, como una tierra fértil o agreste, como un paisaje variado y sorprendente al que arribaron sucesivamente las viejas civilizaciones para echar raíces de futuro.
Reunimos los datos, radiografiamos las zonas, los pueblos, los monumentos y los paisajes, plasmándolos en sugestivas imágenes; posibilitamos todas las opciones, describiendo las singularidades específicas de la tierra, su cromatismo, su luz, pero conscientemente no quisimos narrar nuestras emociones, porque las sensaciones íntimas deben ser vividas personalmente por los viajeros que quieran descubrir por sí mismos, para retenerlas en su retina y en su recuerdo, la belleza de estas tierras y la hospitalidad de sus gentes.
En suma, este artículo, en recuerdo de aquel trabajo, es una invitación cordial para viajeros deseosos de conocer los pueblos y las tierras del Andévalo onubense y del Baixo Alentejo portugués, partes entrañables de Andalucía (España) y Portugal, unidas, no separadas, por el Rio Guadiana, que lejos de desaparecer, aparece esplendoroso decorando de verde cristalino ambas orillas.
Visitar estas tierras es una inolvidable experiencia. Recorrerla, descubriéndolas como hacían los antiguos viajeros, es una auténtica delicia.
VISITARLOS, UN LUJO.- La región del Andévalo, con la maravillosa Sierra de Aracena como gran atractivo, está integrada por los pueblos de Alosno, Cabezas Rubias, Calañas, El Almendro, El Cerro de Anévalo, El Granado, Paymogo, Puebla de Guzmán, San Bartolomé de la Torre, Sanlúcar de Guadiana, Santa Bárbara de Casa, Valverde del Camino, Villanueva de las Cruces y Villanueva de los Castillejos.
El Baixo Alentejo, por su parte, enriquecido con joyas arquitectónicas de castillos, palacios y fortalezas, está formado por los pueblos de Aljustrel, Almodóvar, Alvito, Barrancos, Beja, Castro Verde, Cuba, Ferreira de Alentejo, Mértola, Moura, Ourique, Serpa y Vidiqueira.
Muy acertada la nueva sección del blog sobre Turismo de Andalucia. Realmente es un tema que nos toca profundamente y siempre es positivo diferentes análisis y pensamientos. El turismo en Andalucía tenemos que cuidarlo y potenciarlo