Las comparaciones con el pasado propio, bajo el auto convencimiento de que cualquier época anterior fue mejor, no es que sean solamente odiosas; es que, además, suponen una dimisión absurda de la vida -que sólo es presente- y un síntoma de envejecimiento prematuro que es una forma estúpida de morirse de aburrimiento. Sin embargo, de vez en cuando no hay más remedio que reconocer que en tiempo tan avanzado, y en contraposición a otros que ya son historia, se cometen barbaridades y se protagonizan salvajadas y tonterías. Por ejemplo, en la política.
La campaña electoral catalana, un anticipo de lo que se nos viene encima para unos meses, es el campo de experimento de los nuevos modos. Da grima comparar los contenidos de aquellas campañas de los años de la transición con los actuales. Es cierto que, por entonces –pese o precisamente por el bajísimo nivel de vida que teníamos-, había ilusión por el cambio, había esperanzas, había promesas reales de caminar hacia la democracia, la gente participaba, los políticos creían más en lo que hacían. En la actualidad, en cambio, la democracia, un lujo que no se disfruta apenas, porque no ha lugar a la participación, ha devenido en pura economía. Tantos millones de parados. Los gobiernos saben que ellos ya no mandan porque se equivocaron instrumentando a los mercados –los bancos, vamos-, auténticos culpables del desaguisado, y estos, en lugar de agradecerlo y corresponder, se hicieron con el poder, impusieron sus condiciones caprichosas y leoninas, y ya mandan en todo el mundo. O sea, que las elecciones son sólo para obtener la apariencia de poder y unos bien retribuidos puestos de trabajo, prebendas, ostentación y coche oficial. Y como no pueden prometer que van a arreglar la crisis, porque no son nadie para arreglarla, pues se dedican a hacer promesas ridículas, vergonzosas, xenófobas, pornográficas… Y a partirse la cara unos a otros, en Madrid, en autonomías, en provincias, en ciudades, en pueblos.
Alicia Sánchez Camacho, candidata pepera en Cataluña, se convierte en “Alicia Croft”, se sube a una gaviota llamada Pepe y dispara desde el aire a los enemigos: “¡Mira, unos inmigrantes ilegales!” y les dispara y los elimina. “¡Unos independentistas catalanes!” Más disparos, y eliminados. Como es agotador eliminar a tanta gente, Alicia Croft come burros y toros, animales que nos unen a los que “estamos orgullosos de ser catalanes y españoles”. Este jueguecito tiene ya una denuncia en fiscalía presentada por SOS Racismo. El inefable Laporta, que tanto daño ha hecho a la imagen del Barça con su descarada manipulación política, ficha para su partido –que, por cierto, está bajísimo en las encuestas- a la famosa actriz porno Maria Lapiedra para que se exhiba en los mítines. Las Juventudes Socialistas del PSC suben a la red un vídeo en el que una joven se excita sexualmente al introducir en el sobre la papeleta de Montilla (sí, de Montilla). Se suelta la melena (ella), se relame y mete y saca el voto una y otra vez hasta llegar al orgasmo. Los chavales socialistas piensan que así llegarán al electorado juvenil. Sus mayores no están de acuerdo (oficialmente).
Montserrat Nebrera, ex del PP, candidata por Alternativa de Govern –idéntico objetivo, distinto collar- protagoniza otro vídeo porno. Al tiempo que la cámara va siguiendo el suelo de una habitación en la que puede verse ropa interior femenina desperdigada y camas deshechas, se oyen gritos de placer de una mujer, mezclados con mensajes políticos. Se cierra el vídeo con la propia Montserrat envuelta en una toalla, afirmando que “en política no vale todo”. Dan ganas de llorar. Pero te ríes. Lógicamente, todo el espectro político catalán ha criticado estas dos joyitas electorales, aunque ninguno de ellos ofrezca un solo motivo para el voto; de ahí la previsión de escasa participación.
El progreso y los avances son positivos si se usan bien. Si no, ahí están los ejemplos aberrantes no sólo de quienes usan las redes sociales y el YouTube para campañas electorales bestiales y vulgares; no sólo para seudo periodistas, también para los llamados “peatones tecnológicos” (frikis de los nuevos tiempos), quienes cruzan la calle en medio del tráfico, con el aparatito en la oreja y diciendo la famosa frase: “estoy llegando a casa, churri”. Y, de pronto, zas, los atropellan. Por imbéciles.
Es el tiempo que nos ha tocado vivir. Falta de gobierno, falta de imaginación, atracón de tecnología. ¿Será posible que no exista manera de que volvamos a ilusionarnos y de que la democracia sirva para gobernarnos y no para que nos gobierne el poder financiero? Así, que ya digo: Que no es por mirar patrás, pero que si hay que mirar patrás pues se mira…
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(Artículo publicado en “La Opinión de Málaga”, domingo 21 de noviembre 2010)
MIRA, ME HAS HECHO RECORDAR UNA FRASE, LA BUSCARÉ EN MIS LIBRETAS Y LA COLGARÉ EN EL MURO. ES SOBRE LOS POLÍTICOS EN CAMPAÑA ELECTORAL.
SIGUE ESCRIBIENDO. A MÍ, POR AHORA ME HAN ABANDONADO LOS MUSOS.