Nunca se habló tanto de la prensa como se habla ahora. Lo que se asemeja a una guerra espacial entre dos galaxias, una ascendente y otra cuestionada, es en realidad una transición todavía no definida que se debate entre dos épocas de la comunicación. La nueva era, que promete lluvias informativas de oro, accesos plenos a todo, es propagada con buenos argumentos por expertos, pero también resaltada irracionalmente por conversos que se ensañan en anuncios apocalípticos sobre el fin irremediable de la era del papel. Hace unas fechas, el espacio de Tve “Informe semanal” emitió un programa denominado “La tormenta de papel”, que dejaba bastante mal parados a los periódicos de siempre. Por lo visto, cada participante aprovechó para hacerse publicidad y no parece que los datos expuestos fueran un prodigio de exactitudes. Los editores españoles denunciaron el tal informe, que tampoco entusiasmó a mucha gente. El caso es tan apasionante –más para los periodistas que para los lectores- que hasta nacen periódicos para hablar de periódicos.
Hasta ahora, ha ido ganando por goleada la idea de los periódicos on line que pretenden prevalecer sobre los de Gutenberg. Pero, ojo, digo “la idea”, no la realidad, porque, que yo sepa, todavía no ha sido derrotada la Prensa escrita. Sólo sé de un diario digital –el norteamericano “Huffington Post”- que ha sido capaz de generar beneficios suficientes para mantener su independencia y su prestigio. Mil ejemplos cada día avalan la teoría de que no es tan fácil enraizar sólidamente los nuevos medios. El diario soitu.es fue un experimento serio, ilusionante, informado, atractivo, que atrajo a la España virtual, pero terminó su vida veintidós meses después de nacer, agotado su patrocinio económico.
Acaba de aparecer en la red “Cuarto Poder” –revelador título con el que se ha calificado siempre a la Prensa escrita-, otro intento formal de cuajar un periódico on line. Está integrado por buenos periodistas que proponen “recuperar los valores del periodismo clásico no sólo en el ámbito profesional, sino también en el empresarial”. Su objetivo es cubrir la actualidad con una red de blogs, “pero sin dar la noticia al minuto”. Incluso se atreve a desvelar su ideología, que va “desde la derecha moderna a la izquierda transformadora”. Estos detalles demuestran que las distancias se acortan entre lo nuevo y lo clásico.
Los avances se suceden. Una nueva forma de leer el periódico la propicia “El Mundo”, que, a través de su anunciado proyecto Orbyt, abre nuevas perspectivas y más facilidades para acceder, desde cualquier lugar y a través de cualquier soporte, a todas sus ediciones, a contenidos actuales, a la hemeroteca, a suplementos, revistas, secciones. En palabras de su director, se trata de nuevas opciones hasta ahora imposibles: “leer, ver, sentir, escuchar, participar, debatir, opinar y vivir el periódico”. El lector “entrará” en la redacción y pondrá cara a quienes escriben las noticias. Y podrá opinar, intervenir, actuar y aprovecharse de excepcionales ofertas comerciales. Todo en una sola plataforma. ¿Hay quién dé más?
No está mal, pienso, como propuesta para los nuevos tiempos. Lo que no sé es si los lectores de noticias disponemos de un disco duro mental con capacidad suficiente para digerir tanta información, teniendo en cuenta que debemos dejar libres algunos megabytes para los aconteceres cotidianos de nuestra vida. Internet es la releche, las nuevas tecnologías son una bendición para el progreso, estoy absolutamente convencido e integrado. Pero hay vida más allá del ordenador, más allá del móvil. Y no es plan de sucumbir ante el diluvio virtual.
Si me lo permiten, introduzco aquí, en el rinconcito final del post, un humilde elogio de la Prensa escrita, tan fiel, tan constante, tan eficaz, tan vituperada por los nuevos falsos profetas de la comunicación. El periódico de toda la vida, el de papel, lo sigues teniendo ahí, presto a informarte cada día, cada mañana, de las cosas que realmente te interesan, de lo que ocurre a tu alrededor. Palpable, tangible, real, fiel y gustoso acompañante del café calentito y del sabroso pitufo con jamón del nuestro. O incluso del rico y tierno mollete con aceite de oliva. Veamos qué trae hoy el periódico. Nuestro periódico de siempre.