Hoy puedes ir tan ricamente a las tiendas de la noticia y proveerte para tu uso particular como ciudadano o para reutilizarla cómodamente, sin molestarte en más pesquisas o investigaciones. La noticia ha pasado a ser un producto de consumo generalizado que se “vende” al por mayor y al detall. La puedes adquirir en grandes superficies, en supermercados, en franquicias especializadas, tiene sus high class, sus outlet, sus rebajas de verano, sus ofertas especiales y es de los productos más fáciles de localizar, más variados y más entretenidos. Y todo ello sin emplear mucho en la compra, sin gastar suela de zapatos, sin tener que cabrearte buscando sitio en un carísimo aparcamiento municipal. Te sientas ante tu ordenata, abres de par en par la feria de las noticias y ahí aparecen, ordenadas, desordenadas, por temas, por libre, por actualidad rabiosa, por actualidad rancia, cronológicamente, anárquicamente, todas las noticias del mundo en todos los formatos del mundo.
Periódicos digitales, páginas webs, blogs personales, redes sociales, los modernos sustitutos del milenario dazibao, son hoy día lanzaderas informativas universales, rápidas como el lasser, que penetran el espacio sin fronteras y llegan a tu domicilio apenas han sido redactadas o fusiladas, con alguna que otra duda, eso sí. Por ejemplo, la procedencia, la firma, la credibilidad del mensaje.
Nunca hubo tanta noticia como hay hoy. Cada “twittero” es un periodista en potencia que, con su derecho a los 140 caracteres, cuela su rollo noticioso, su opinión, su comentario, su vanidad, su auto enlace –yo mismo lo suelo hacer- y se mantiene atento a sus chismes y a los de los demás. Todos se retroalimentan de la misma o parecida carnaza y hay quienes, a la vista está, viven únicamente por y para las redes, porque son inteligentes y saben sacarle rédito político, periodístico o comercial. Otros, en cambio, parecen o son bobos y se ve que no tienen cosa mejor que hacer que contribuir al éxito de concurrencia actuando como entusiastas e inútiles corifeos.
Tampoco hubo nunca tanto escritor, periodista, diletante o gaznápiro dueños de su propia Weblog, esa especie de periódico personal con licencia para disparar, en el que se pontifica, se vitupera, se critica, se censura, se insulta y hasta se opina con libertad y sentido común, contribuyendo, cada cual a su manera, a la ciberceremonia de la confusión. Reconozco que, entre los millones de blogueros del mundo, hay uno que soy yo, del que nunca sabré si sus escrituras son “nutritivas” –como califica el mejor periodista que conozco a sus mejores lecturas- o si son como los de la gran mayoría, sencillamente plúmbeas.
¿Qué se puede hacer ante tamaña oferta de noticia, que se nos mete por los ojos apenas se ilumina la pantallita? Evidentemente, seleccionar. Pero, ¿como seleccionar? No hay manera. Terminas inclinándote por los conocidos, por aquellos de los que te fías un poco más: los periódicos acreditados, los prestigiosos columnistas comprometidos con la libertad, las agencias de prensa consagradas. Y, fuera de ellos, una invasión de pequeñas y grandes noticias – que ignoras si son información o basura- sobrevuelan a tu alrededor, ofreciéndose, vistosas, desde los escaparates de los supermercados informativos. Las puedes usar y tirar. Las puedes despreciar. No cuestan nada. Pero pueden hacer mucha pupa.
Me sigo fiando más de los periódicos impresos que de muchas innovaciones tecnológicas, dicho sea con el respeto que me merecen los trabajos virtuales hechos por auténticos profesionales y con permiso de quienes consideren esto como una obsolescencia. Y me sigo fiando más de los periodistas que de los aficionados.
Qué le voy a hacer. Amo la Prensa de verdad. Y el Periodismo de verdad.
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(En la foto, el dazibao chino)
Hola Rafael:
Tienes razón, el Periodismo con mayúsculas se sigue escribiendo en las grandes cabeceras, tanto en papel como en digital.
Los blogueros o los twitteros sólo intentan hacerse escuchar, porque sino siempre hablan los mismos de los mismos temas. Aunque a veces se convierta en un pequeño ejercicio de egolatría.
Sí, es difícil seleccionar a quién leer, y muchas veces las recomendaciones ayudan, pero con el tiempo si esa información te ha aportado algo vuelves, sino es simplemente ruido. En este caso, el silencio es terapéutico. Además, se deja libre ese espacio para que otro se deje escuchar.
Actualmente, son más de 3.000 egresados de Comunicación los que salen a la calle, según los estudios que se realizan en la UMA, en una clase de 150 sólo un tercio han hecho prácticas, según un minisondeo realizado insitu,en clase TecPec a los compañeros el cuatrimestre pasado.
Muchos irán o iremos a ninguna parte, y en este sentido los blogs son un buen laboratorio de ensayos para pulir el estilo, asentar rutinas, y sobre todo desarrollar la responsabilidad ante un lector que vuelve. Y lo más importante: un blog nunca es un sustituto de la buena prensa, es simplemente un complemento alimenticio a una dieta que debería ser variada.
Aunque sí es importante tener buques insignia a quien seguir para no perderse en la inmensidad. Por suerte, abundan los buenos ejemplos. Aunque como bien dices, este es un océano y las recomendaciones ayudan a veces, a saber lo que no queremos.
Las pequeñas ‘pateras’ aspiramos a crecer y ser capaces de seguir esa estela que dejan los grandes cruceros.
En esto los estudiantes de periodismo que somos bloggueros tenemos la oportunidad, gratuita y libre de ser autodidactas. Por su puesto son la humildad, las ganas de aprender, la autocrítica y la capacidad de admitir correcciones del resto, algunas de las cualidades que te hace practicar y esforzarte. Ellas son las que hacen que el producto, por lo menos, no cause indigestiones.
Pero como todo en la vida, hay que llevar la teoría a la práctica y comprobar sus efectos. A veces sólo las buenas intenciones no bastan para ofrecer algo con calidad, pero por lo menos está uno en el proceso.
Un saludo Rafael y disculpa el ensayo que me ha salido, pero este ciertamente, tema me motiva.
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http://reflejos-juegos-de-espejos.blogspot.com/