Vuelva usted Mañana

¡No nos toquen los chiringuitos, please!

La historia de la Costa del Sol, como destino turístico que ha logrado un reconocimiento mundial, tiene mucho de epopeya. Y no va muy atrás en el tiempo. Por razones biológicas, y por haber formado parte del equipo humano del diario “Sol de España”, tuve la oportunidad de sentir muy de cerca los momentos de eclosión del turismo en estas tierras.

Ese período histórico que dimos en llamar la Transición amalgamó dos grandes logros sociales para la provincia. Uno, que benefició al conjunto de los españoles, fue el salto político más cualitativo de la historia, que nos hizo dejar atrás un sistema totalitario para entrar en una etapa de libertades de la que aún seguimos disfrutando. Y el otro, el feliz hallazgo de un invento económico que habría de transformar nuestro litoral, proporcionándole un modus vivendi colectivo y duradero. Ambos fenómenos los viví con gran intensidad periodística.

El espectacular desarrollo del turismo, al menos en la Costa del Sol, fue posible por el empeño de empresarios y trabajadores más que por la acción política de los gobernantes. Aquí todo se hizo de abajo para arriba. Las iniciativas fueron de los currantes, dueños y trabajadores de las empresas, casi nunca de quienes mandaban. Estaba claro que el negocio podía escaparse y también parecía evidente que la improvisación no era lo más adecuado pero había que hacer algo, había que hacer cosas. Y se hicieron.

La iniciativa privada era la que marcaba en todo momento el rumbo y la que obligaba al Gobierno a seguir la pauta del crecimiento, un crecimiento desmedido y lleno de abusos, pero que, al cabo de los años, estructuró el sector hasta hacerlo sólido y competitivo. Se hicieron barbaridades urbanísticas, de las que aún permanecen torres erguidas; se cometieron otros errores tremendos (pura especulación, como ahora, más o menos), pero, poco a poco, se fue dibujando un esquema de representación en el sector, hasta lograrse que los distintos gobiernos de la nación tuvieran que aplicar las normas que se reclamaban desde abajo. El turismo proporcionaba divisas y con esas divisas (y con las de nuestros emigrantes) se pagaba la factura del petróleo. Por eso, quienes mandaban eran conscientes de que, ya que no hacían casi nada, al menos debían dejar tranquilos a los que sí eran capaces de crear algo. Una oportuna ayuda hicieron desde Madrid, lo reconozco: el Palacio de Congresos de Torremolinos, que fue un grandísimo invento. Al final, más con el esfuerzo privado que con el de la Administración, se forjó la leyenda y se creó uno de los emporios turísticos más formidables, competitivos y organizados de España.

Un responsable turístico de Sevilla me lo decía con alguna envidia en cierta ocasión: en la Costa del Sol, al contrario que en otras zonas, hay una estructura organizada gremialmente y, en consecuencia, hay interlocución y fuerza representativa ante cualquier eventualidad administrativa. La gente no va por libre. Se ha forjado un conjunto de organizaciones y todos son solidarios con todos. Y, además, se cuenta con la comprensión de la población.

Uno de los colectivos que nació con la oferta turística fue el de los chiringuitos de playa. Los chiringuitos son esos entrañables lugares de encuentro de los que gozan los turistas y los que no somos turistas, unos sitios maravillosos de espetos y paellas, que ahora unos listos madrileños quieren cargarse. En Madrid están locos. ¿Qué se creen: que nadie va a defender a los chiringuitos? ¿Es que no saben todavía, después de más de cincuenta años, qué es la Costa del Sol? Rescato del lenguaje coloquial malagueño una palabra que el gran periodista e investigador malagueño Alfonso Vázquez tiene muy estudiada: la palabra majarón. Y la aplico aquí para terminar. Esos técnicos madrileños son unos auténticos majarones.

Un comentario to “¡No nos toquen los chiringuitos, please!”

  1. Mariano dice:

    Estoy de acuerdo contigo, Rafael, la palabra justa que expresa en tofo su sentir lo que están haciendo es MAJARÓN.
    Los chiringuitos son una parte fundamental de esa Costa del Sol que enamoró a los turistas y que junto con nuestra gente y nuestra forma de entender la vida nos dio una marca de identidad que todavía es insuperable hoy en día.
    Serán MAJARONES.

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