A nadie le debiera agradar que unos diletantes, valiéndose de artificios y desvergüenza, y con la complicidad y la connivencia de los menos indicados, irrumpan en una profesión que no es la suya como si fueran elefantes en cacharrerías, destrozando las formas, el fondo, la ética, la decencia y el buen hacer de un trabajo reconocido y respetado. Eso no le gustaría a abogados, albañiles, ingenieros, fontaneros, arquitectos, médicos, informáticos, enfermeros. A nadie, realmente. ¿A quién le va a gustar ver su profesión convertida en bazofia pública? A los periodistas auténticos, tampoco nos gusta. Pero nuestra profesión es distinta. Aquí cabe todo. El periodismo no es, por lo visto, una profesión digna como cualquier otra. Nada de eso. El periodismo es carne de espectáculo, carnaza de televisión, colaborador necesario de los negocios sin escrúpulos y ventilador de las basuras sociales de alta y baja estofa.
Sería lógico y muy de agradecer que a esos que suplen la figura del periodista en los programas escandalosos les llamaran escandaleros, provocadores, insultadores, calumniadores, desvergonzados, amorales, o, si me apuran, buscavidas. Si fuera así, todo sería más normal. La audiencia super millonaria podría referirse a ellos con más propiedad, sin confundir una profesión con otra. Pero no, no es así. A esta gente les llaman periodistas. No trileros de la actualidad, no impúdicos, no. Les llaman, y se llaman a sí mismos, periodistas. Para ellos, un honor. Para los de verdad, una afrenta.
¡Qué le vamos a hacer! La gente que se entretiene con estos bochornos termina encantada de tantos gritos, agresiones, insultos, calumnias, verdaderas heces televisivas, prefiriéndolas mayoritariamente a una buena película, un divertido concurso, una comedia, un informativo serio, un documental instructivo. Y, bueno, a mi me parece bien que cada uno elija libremente su propia dosis de ocio, cultura o alimento espiritual. Hay quien despacha sus ratos libres leyendo un libro.
Lo que no me gusta es que llamen periodistas a quienes fabrican mierda mediática.
Mi querido maestro:
Muchas cosas nos han unido y otras nos han separado. Pero al final donde hubo “amor, rescoldo queda”. Me encuentro en mi segundo proceso por ejercer el periodismo en libertad;solo que esta vez soy yo el denunciante. Esta vez se han cebado con mi persona, mi familia y mi condición física en nombre de una libertad de expresión mal entendida, pero parafraseando al poeta “si la poesía es un arma cargada de futuro” el periodismo bien hecho, o al menos bien entendido lo es también.
El caso es que sin tener licencia para escribir, cada día me siento más orgulloso de ejercer este oficio para el que (como diría el Dios Kapuscinski)no son aptos los cínicos, que si bien siendo periodistas pueden llegar a ser alcaldes.
Saludos desde el sumidero.
Ya sabes quien soy.
Un abrazo, pero sin mariconadas.
Un desheredado.