No es solo que escribir en España siga siendo llorar, como afirmara, compungido y desesperado, hace ciento setenta y tantos años, mi admirado Mariano José de Larra. Es que leer la Prensa, ver la tele, oír la radio, también te invita al llanto cuando no a la depresión o al empalago, tal es el empobrecedor panorama social del país que terminó por hastiar al más romántico de nuestros escritores. Lo más actual y comentado mediáticamente, en los momentos en que escribo este artículo, es que hay gente que se escapa de los restaurantes sin pagar la factura con el pretexto de salir un momento a la calle a echar un cigarrito. Son los “simpa”. Hay que ver. Supongo que ese tipo de gente siempre ha intentado hacer lo mismo, comer de gorra. Lo que ocurre es que ahora la visceral guerra del tabaco les da nuevas oportunidades para el gañoteo. Fumar tu propio humo o fumar el humo ajeno, he ahí el nuevo motivo de conflicto civil de los españoles. Entran en confrontación legítimos intereses comerciales, réditos políticos perversos, derechos y libertades de la persona (al libre albedrío y a la propia salud), egoismos, insolidaridad, berrinches, malos humores. Y, como consecuencia de la acumulación de tanta intransigencia y tanta intolerancia, la gente se enfada y deja de sonreir. Y eso es lo peor que nos puede pasar.
Desde los tiempos de Maricastaña, reír ha sido tradicionalmente un bálsamo curalotodo. Y, justo en un tiempo como este, crispado, triste, de pésimas perspectivas sociales, buena falta nos haría recuperar las propiedades de la risa y la sonrisa para llevarnos entre todos un poco mejor. Los practicantes de la risoterapia, y sus creadores, creen firmemente que reirnos y carcajearnos puede hacernos rejuvenecer y puede curar nuestras enfermedades. Dicen también que la risa acaba con el estrés y que, al liberar endorfinas, nos crea sensación de bienestar. O sea, exactamente lo que necesita este país tan castigado por la lluvia de energía dañina que nos está calando los huesos desde hace tres años. Incluso para bloqueos, temores y atascos del espíritu y el cuerpo, la risa es buena.
Pero este no es ya un país para la risa. Por cierto, tampoco es un país para viejos, porque, para una vez que los políticos se acuerdan de los mayores. sólo se les ocurre recortarles las pensiones y hacerlos trabajar más años. Eso sí, primero se hartan de piropearlos, de reconocer que han dado la vida por sus compatriotas, de ejemplarizarlos porque con su trabajo han levantado a España, menuda pamema. El único que mantiene el espíritu de la senectud a prueba de desprecios políticos es Eduard Punset quien afirma, categórico, que el cerebro sigue generando neuronas a pesar de la edad, aunque advierte que lo esencial es no quedarse quieto. La afirmación de Sigmund Freud de que la carcajada tiene el poder de liberar en el cortex cerebral impulsos eléctricos negativos un segundo después de comenzar la risa, afecta a todos los seres, con independencia de la edad. Por lo tanto, lo que deben hacer los mayores es olvidar a los políticos que los machacan y reirse de ellos. También pueden hacer lo mismo los más jóvenes. Que nadie se reprima.
Las fábricas televisivas producen chismes en vez de sueños, y tienen la poca vergüenza de llamar a eso información. Los informativos son expositores de desgracias, sin una gota de humor. Y ni siquiera ocurre lo que en tiempos de la tele única. Que, tras relatar una tragedia, el locutor o la locutora esbozaban una sutil y estúpida sonrisa con la que pretendían endulzar el marrón. Hoy ya no hay disimulo. Se empieza el telediario con cara de mala leche y se termina con cara de desconsuelo.
Noticias para esbozar una sonrisa, mínimas. Noticias para el desaliento, casi todas. Se desmilitariza a los controladores. Reflexión humorística: Ahora habría que civilizarlos.
¿Por qué no nos refugiamos en la risa, en la sonrisa, que es la terapia más maravillosa para llevarnos bien, para mejorar nuestra salud, para querernos un poco más los unos a otros, para intentar ser un pelin más felices? Además, dejaríamos en ridículo a quienes se empeñan en entristecernos cada dia, en echarnos a pelear, en mostrarnos las dos caras antipáticas del país.
La capacidad de reir juntos es el amor. Eso lo dijo Francoise Sagan, una magnífica periodista y escritora francesa que, sin embargo, se hizo famosa con su “Bonjour tristesse”.
Buenos dias, sonrisa.
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/Artículo publicado en el diario “La Opinión de Málaga”, domingo, 16 de enero 2011.)
Llevas razón, lo mejor es reírse de todo, incluido de los que ahora se tienen que ir a fumar a la calle.
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