Mark Twain decía que los banqueros te prestan un paraguas cuando hace sol y te lo quitan cuando llueve. Una muy buena definición del comportamiento avaricioso en que fundamentan su actuación las entidades bancarias. En tiempos como los que corren, añadiríamos nosotros, ni siquiera te prestarían el paraguas en verano.
Los bancos son el fundamento del sistema, los depositarios de su esencia. Y su esencia es el dinero. Pero no el dinero de ellos sino el de todos nosotros, que no tenemos más remedio que dejárselo para que hagan negocio a costa nuestra, para que nos hipotequen y terminen dejándonos sin casa, para que cuando lo necesitemos nos lo nieguen y cuando no tengamos nos lo reclamen.
Obviamente, quienes controlan los bancos asumen un poder inmenso. Por eso, probablemente, no hay quien los ponga firmes. Si protagonizan un escándalo, inmediatamente es silenciado y nunca más se sabe. Sus prohombres no sólo están blindados con “bonus” escalofriantes, con prebendas y canonjías, también están protegidos contra el vocerío mediático. Es comprensible. Justo no. Comprensible. Es el sistema. Un sistema que, desde mi pequeño y libérrimo periódico personal e intransferible, me permito denominar salvajismo capitalista, nombre mucho más apropiado que el de capitalismo salvaje, que es el que se emplea habitualmente.
El sistema es fuerte, imbatible. Se cargó al comunismo, que era un sistema difícil de sostener porque prohibía demasiadas cosas, entre ellas la más importante: opinar. Entonces había que inventar algo para que el capitalismo no se desmadrara con su aplastante victoria. Un día, hace ya algunas guerras, un tal Tony Blair lideró un proyecto casi posible y casi utópico, una idea política que entonces ilusionó a mucha gente de centro y de centro izquierda: la Tercera Vía, un invento que, para abreviar, aglutinaría al socialismo democrático (la socialdemocracia) con el liberalismo progresista. Una gran solución para una sociedad moderna, la auténtica sociedad del bienestar. Pero Tony Blair empezó a vivir en el número 10 de Downing Street y, en cuanto lo requirieron sus primos americanos, asumió como suya la deuda de la Thatcher con los Estados Unidos por lo de las Malvinas y se apresuró a mandar su ejército a destruir a Irak en busca de soñadas (inexistentes) armas de destrucción masiva. Y ahí se tronchó la Tercera Vía, congelada para siempre en una desafortunada foto en las Azores.
Hoy, tantos conflictos después, el sistema, vencedor por K. O. ante cualquier intento de desbancarlo (nunca mejor empleado el término) sigue aquí, imperando, dominando, abusando, avasallando. Y nosotros sufriéndolo. Eso sí, les ha salido un grano que empieza a infectársele: el movimiento del 15M. Pero, mientras la democracia no sea real (en el sentido de decantarse de abajo hacia arriba, y no al revés como ocurre ahora), los bancos seguirán haciendo lo que les dé la real gana. Los “indignados” (en realidad, indignados estamos todos) denunciaron que Bankia, subvencionada con dinero público, asignaba a su presidente un sueldo anual de 10,7 millones de euros y que cobraba a los usuarios hasta por respirar. Los consejeros de la CAM valenciana se concedían créditos millonarios a ellos mismos a cero interés. Por eso, y por mil cosas mas, los destituyeron. Otros se duplican o triplican sus sueldos. Algunos deciden aceptar la dación como pago último hipotecario. Otros no. No parece haber una ley que ponga orden.
Antes, al menos, estaban las Cajas de Ahorros, con sus obras sociales y su nulo afán de lucro. Una pequeña válvula de escape, un pequeño escaparate, para el sistema. Venían de aquellos montes de piedad del tiempo de la miseria, de cuando la gente pobre, que era el noventa por ciento del país, tenía que empeñar la pulsera de la abuela para comprar los avíos del puchero. Pero las Cajas han sido convertidas en bancos puros y duros, poderosos centros financieros para gente privilegiada. Ya les vale a los banqueros. Unámonos a los “indignados” y los indignados.
No a un poder tan enorme.
No a querer mangonearnos.
No a querer dominarnos.
No a…
No estoy seguro, pero creo que no me caen muy bien los bancos. ¿Cómo lo veis?