Vuelva usted Mañana

Materiales de que están hechos los sueños

Rara vez los diarios hablan de sí mismos en sus páginas. Puede que por pudor, pero quizá es porque, acostumbrados a ser portadores de noticias frescas que no les afectan, o que procuran que no les afecten, los periódicos se limitan a envolver la actualidad en un papel y a servirla al público lo más aseadamente posible. Pero hoy es un día distinto. Este periódico en el que tengo el honor de escribir se ha puesto este domingo un traje nuevo y tenemos que celebrarlo. Recuerdo la primera celebración, la de aquel 25 de mayo de 1999, cuando salió por primera vez La Opinión de Málaga. Me llenó de orgullo aparecer en el número inaugural formando parte del equipo de colaboradores. Fue, para mí, una doble felicidad íntima. Han pasado once años, muchas primicias, grandes despliegues, el periódico se ha convertido en un referente en la capital y en la provincia y su cabecera es ya sinónimo de probidad informativa, valentía e independencia. Cuando hacíamos la mili, si no habías participado en acciones bélicas, te ponían en la cartilla: “Valor: se le supone”. “La Opi”, como cariñosamente la llamamos los coleguis, se ha curtido en mil batallas, ha peleado por la verdad, ha llamado a las cosas por su nombre, ha estado en todos los frentes. Es justo, pues, que en su cartilla periodística se diga bien clarito: “Valor: Declarado”.

Ha pasado un tiempo y suena la hora de tomar otro impulso. Nada tan excitante para un profesional como ver que su periódico cobra fuerzas y marca nuevos objetivos, ninguna ilusión mayor que la de afrontar con vigor los retos dificultosos de una crisis económica generalizada y de otra crisis más sectorial y tecnológica que amenaza a la prensa escrita de todo el mundo. Incluso para quien sólo aporta al periódico, como el que suscribe, humildes colaboraciones, resulta estimulante apreciar el esfuerzo colectivo de este nuevo logro. Desde hoy, este periódico va a ser todavía mejor de lo que ha sido a lo largo de sus dos lustros y pico de vida.

Los nacimientos y las puestas de largo de las publicaciones tienen su anecdotario, sus risas, sus nervios, pero, sobre todo, sus esfuerzos tras las bambalinas. Aquí es como en el cine: sólo se ven los que dirigen, los actores o los que firman, pero, detrás hay un plantel anónimo de especialistas, en la administración, en publicidad, en el diseño, en el cierre, en los talleres, en la distribución, y ellos son los que sostienen el tinglado y los que hacen funcionar la maquinaria como si fuera un reloj que nunca debe pararse. Hoy es un día de celebración especial para ellos porque el producto, a estas horas, ya está en manos de los lectores, recién acabado, presto a iniciar otra singladura de mayor recorrido. Y sin embargo, la vida sigue. No se puede perder el tiempo, hay que hacer el periódico de mañana. No siempre trabajar en lo mismo cada día es una rutina. El ingrediente especial con el que se elaboran los periódicos es la noticia y no puede decirse que la noticia, pura sorpresa en sí misma, pueda ser considerada como algo rutinario. Parafraseando a Shakespeare, la noticia, la información, el periodismo, son también uno de los materiales con que se fabrican los sueños.

A base de ahorrar esfuerzos, personas y tiempos, la tecnología ha modificado sustancialmente la forma de hacer los periódicos Ahora todo parece más fácil, más preciso, menos artesanal y más frío. Sin embargo, en el fondo, el empeño sigue siendo el mismo, sacar cada día a la calle un número lo mejor confeccionado e informado posible; de manera que, pese a los avances, sigue siendo imprescindible el toque personal del profesional y sigue necesitándose el aliento especial con el que ha de impregnarse un producto tan “espiritual” como efímero.

Tuve un director muy enamorado del periodismo, Federico Villagrán, que acuñó una bonita definición para la aventura diaria de hacer un periódico: “Media botella”, decía. Parir un diario era para él el disfrute de media botella de buen vino entre buenos amigos. En nuestro caso, en “Sol de España”, doy fe de que siempre, o casi siempre, era así. Nos apretábamos a la hora del cierre, volaban los nervios, discutíamos, pero cuando todo quedaba bajo control, nos invadía una sensación muy especial de tranquilidad y orgullo; ese estadio de felicidad momentánea que sólo puedes saborear cuando sabes que has ganado otra batalla al tiempo y que tu querido esfuerzo ha merecido la pena. Eso ocurre hoy en nuestra querida “Opi”. Felicidades, Málaga.

(Artículo publicado en “La Opinión de Málaga”, domingo, 16 de mayo 2010, con el título de “Ahora hay que hacer el periódico de mañana“)

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