Un buen dia, Júzcar, el pequeño pueblo de la serranía malagueña, apostó por convertirse en una aldea de pitufos. Y decidió pintar todas sus casas de azul. Y triunfó. Hoy, meses después, la gente se acerca en grandes grupos los fines de semana para ver el pueblo, que es un cuadro azulado de gran belleza incrustado en la hondonada de la sierra, y allí se recrea con la originalidad del paisaje y la hospitalidad del paisanaje y allí encuentra donde comer y donde relajarse. Y así ha sido cómo un color ha revitalizado a una población, la ha hecho visible en el mapa y la ha convertido en un singular punto de atracción turística de la Costa del Sol.
Es cierto que la idea llegó de fuera, pero, bueno, casi todo lo que ha cuajado en Málaga, desde hace siglos, viene de fuera. Eso no es malo porque los que llegan se quedan y se mezclan. Y la amalgama de apatía, temperamento y creatividad que se produce acaba siendo productiva. En el caso de Júzcar, los creadores de la película “Los pitufos” pensaron que fijar el foco en un pequeño pueblo perdido de la serranía y pintarlo de azul sería un reclamo para su estreno mundial. Lo fue. Ellos se beneficiaron y al pueblo le dejaron el regalo de la idea: ser por un tiempo, el que quisieran, la aldea azul que los turistas quieren visitar.
Visto el éxito pitufin, otro pueblo malagueño, Moclinejo, situado en la Axarquía, se plantea una opción que suena a atrevimiento y a originalidad: convertirse en una localidad esencialmente gay y pintar todas sus casas de color rosa. La mayoría de sus mil y pico de habitantes, empezando por su alcalde popular, parecen estar de acuerdo en la propuesta de significarse como pueblo gay, adoptando colores y maneras que lo singularicen en toda la zona, para lo que quieren convocar un referéndum en enero de 2012 que avale democrática y legalmente la decisión. Hay voces discrepantes, incluso dentro de los colectivos gay, porque la idea presentada podría pasarse de la raya, en lo ético y en lo estético, al proponer la construcción de un parque al aire libre en el que se practicaría sexo a discreción, lo que parece un exceso impúdico, provocador e innecesario, pero suponemos que el proyecto, que incluye 600 casas con una arquitectura sui géneris, seguirá adelante con fuerza, una vez corregidas de raiz las extralimitaciones. No sería lógico que una idea que puede ser buena se convierta en desastre por imposiciones de mal gusto o de inmoralidad. Tampoco sería aceptable que la intransigencia machista acabara con la propuesta.
A mi, como a un tal Einstein, me parece muy bien que, en tiempos de crisis, la imaginación alcance su mayor protagonismo. Tenemos ya un atractivo pueblito azul, ¿por qué no otro rosa? Casi todos los pueblos andaluces adoptaron desde la antigüedad el blanco impoluto y enfriador en las fachadas de sus casitas como corresponde a una tierra hartamente soleada. Está bien, entonces, que entre tanta blancura surjan pequeños núcleos de colores pastel o colores vivos, el rosa o el azul, que irisen el panorama, pueblos dispuestos a enrojecerse, a verdearse o a prestar una parte de su blanca cal a colores intensos para convertirlos en pastel y elevarlos a la categoría de símbolos. La “Ruta Turística de los Pueblos de Colores”, que no suena nada mal, surgiría, como un incentivo más, en el interior de la provincia.
Los colores son parte esencial de los símbolos, por eso son utilizados como identificadores por países, modas, tendencias, marcas, corporaciones, clubs, empresas y hasta nosotros mismos los aplicamos para encauzar los sentimientos. Por eso, también, establecen las diferencias visibles en banderas, equipaciones, escudos, edificios, paredes, decoraciones. ¡Cómo no iban los colores a ser usados igualmente para personalizar la identidad de los pueblos que quieren dar un salto hacia delante!
Están de moda los colores. Antes, la vida era más gris. Pero las tecnologías han matizado la gama hasta la indefinición y todo lo que se mueve está impregnado de tonalidades, las más de las veces vitalistas y alegres, en ocasiones cálidas, pálidas o tristes y alguna que otra vez tétricas y oscuras casi negras. Mis colores futboleros no sé si le irían bien a un pueblo determinado. Sé que le van muy bien a millones de fieles como yo, pero esa es otra historia…
Bien por la apuesta que hagan los pequeños pueblos malagueños reclamando un lugar bajo el sol. Bien por quienes quieren dar color a sus vidas, en libertad y contra nadie.
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(Panorámica actual del axárquico pueblo de Moclinejo)
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(Artículo publicado en “La Opinión de Málaga”, domingo 4 septiembre 2011.)
Fabulosa iniciativa para mantener estereotipos, claro que no me extrañaría nada que la propuesta triunfase tratándose de un feudo gobernado por el PP. Una vez más utilizan a las personas homosexuales para sacar dinero a su costa cuan monos de feria. ¡Evidentemente que el PP no rechaza a los gays, son sus “colegas”! No derechos para ellos, pero sí un parque para abarraganar. En mi barrio hay uno igual para perros. ¡Lamentable propuesta!. Lo peor, en el caso de que prospere la iniciativa, la cantidad de homosexuales bobalicones que acudirán, como ratas al flautista, al color rosa.
Quizá, Periana, Genalguacil, Sedella, … o cualquier otro pueblo de la provincia decida hacer el pueblo de la “MUJER” con actividades tan lúdicas como un tenderete kilométrico, una muestra de electrodomésticos, una planchada popular, … Seguro que multitud de mujeres subirían a un autocar directas a la “diversión”.
Y se me ocurren más, el pueblo para lxs inmigrantes, lxs discapacitadxs, …
Superemos las desigualdades y acabemos con los prejuicios, los tópicos … no todo vale por dinero, por mucha crisis que exista.
Pues a mi me has convencido Rafael, y adémas creo que llevas toda razón cuando dices “No sería lógico que una idea que puede ser buena se convierta en desastre por imposiciones de mal gusto o de inmoralidad”. Lo que no entiendo es que los defensores-organizadores de las fiestas del Orgullo (que diferencia hay), ahora se sientan ofendidos por una iniciativa que puede alzar la economía de un pequeño pueblo apenas sin habitantes. De todas formas, la última palabra la tendrán sus habitantes en el referendum, como es lógico en una Democrácia.