Vuelva usted Mañana

Luis Mariano Fernández, en el nombre del Misterio

De nuevo he sido entrevistado para una televisión, tras la amable persistencia de un excelente profesional que sostiene la extraña teoría de que soy capaz de decir cosas de cierto interés sobre Periodismo. Luis Mariano Fernández es un perseverante investigador del mundo del misterio. Se ha ganado a pulso un prestigio a base de bucear en el epicentro de las otras realidades, viajando a lejanos y sagrados lugares, hablando con ilustres expertos, ejerciendo como ágil reportero, creando su propio estilo y contagiando a sus legiones de seguidores la pasión por descubrir qué hay detrás de lo que llamamos el mundo real.

Sin estar del todo de acuerdo en los motivos de su interés por entrevistarme para su programa “Puente al infinito”, no tengo más remedio que ser agradecido y reconocerle el empeño a Luis Mariano Fernández, por más que el único mérito que me doy a mí mismo en el universo de la comunicación que habito es el de sobrevivir a los cambios y manejarme y convivir pacíficamente con el progreso tecnológico. Eso le parece a él muy importante. Para mi, es una simple tarea de supervivencia. Los otros valores con que me adorna mi amigo Luis Mariano son los normales en alguien que siempre ha profesado su oficio con devoción y que camina por la vida creyendo sólo en cosas esenciales, una de ellas, la dignidad. En cuanto a la experiencia, que no es más que tiempo escapado, se trata simplemente de aprender a no repetir errores, aunque, a estas alturas, uno preferiría tener un poquito menos de experiencia, aún sabiendo que cometería abundantes equivocaciones. Es verdad, eso sí, que se sabe más por veterano que por demonio. Pero la vanidad, pecado tan común entre periodistas, me juega una buena pasada y me hace sentirme feliz, aunque sonrojado, oyendo a este gran compañero elogiar ante las cámaras mis textos y mis pensamientos.

Existen otros mundos.-
Comprendo el interés de Luis Mariano por los temas que siempre apasionaron a la humanidad. Mentes preclaras se esforzaron, desde la antigüedad, en adentrarse en mundos distintos al nuestro, en busca de claves que revelen la gran Verdad.

“Existen otros mundos, pero están en este”. Esta frase es del escritor francés Paul Eluard y la vi por primera vez, como cita de entrada, en una de las primeras ediciones en español de “El retorno de los brujos”, el best seller de los setenta que escribieron Louis Pauwels y Jacques Bergier y que, además de una auténtica conmoción literaria y de una revolución en un género hasta entonces poco seguido, fue una especie de cruz de guía para millones de aficionados al misterio. Me fascinó, por entonces, la literatura que se hizo sobre asuntos del más allá. Y durante un tiempo le cogí afición. Leí cuanto cayó en mis manos. Un libro excepcional me motivó especialmente: “El misterio de las catedrales”, del enigmático Fulcanelli

Otro, iniciático, fue : La Era del Acuario”, de Jean Sendy; alguno, excitante: “Los visitantes”, de Patrick Teally; algún otro, de impacto: “El triángulo de las Bermudas”, de Charles Berlitz; también, otro de leyenda: “Odisea del Espacio 2001”, de Arthur G. Clark (con Stanley Kubrik de aliado cinematográfico) y un sinfín de títulos relacionados con misterios, universos paralelos, saltos en el tiempo, esoterismo, alquimia, milagros, profecías, entre los que no podían faltar los nombres de clásicos como Michael Nostradamus, San Malaquías y las referencias actuales a las Profecías Mayas sobre el fin del mundo, como “Apocalipsis 2012”, de David G. Walker. Antes que eso le llegaría el turno al periodista Juan José Benítez quien, tras perseguir ovnis y hacerse con un nombre, parió su primer y exitosoCaballo de Troya”, que lo elevó a la cima de los best–sellers. Pero Juanjo Benítez abusó de su original historia, fantaseó en exceso con ella y terminó siendo devorado por sus propias creencias religiosas. Leí también, pero mucho antes, en mis primeras lecturas, a escritores que hablaban de la máquina del tiempo, como H. G. Wells o de viajes al centro de la Tierra y a la Luna, como Julio Verne, o de misteriosasCrónicas Marcianas” como Ray Bradbury. Y sigo, de vez en cuando, ya no con la misma fiebre, echando un vistazo a cuanto de meritorio aparece en el universo de la literatura de misterio.

Pasión periodística
Digo todo esto para revalorizar el trabajo magnífico que está realizando el periodista malagueño Luis Mariano Fernández, perseguidor insaciable del misterio, viajero de lo desconocido, investigador minucioso de los más apasionantes e inexplicados temas. Su programa “Mis enigmas favoritos” se ha hecho popular y conocido en multitud de televisiones, ya lo tengo dicho porque es demostrable.

Sé que Luis Mariano está en la rampa de lanzamiento hacia reconocimientos mayores y más multitudinarios. En este oficio no basta con demostrar en cada trabajo, como demuestra él, que se exhala periodismo puro por los cuatro costados. No es suficiente con ser un gran presentador televisivo, como lo es él, ni con alcanzar éxitos de audiencia, como las que él alcanza. Lo más importante de todo en esta vieja y siempre nueva profesión es tener, como él tiene, la convicción de que trabajar en lo que uno ama proporciona un plus impagable. Lo he afirmado y lo afirmaré siempre: el periodismo ejercido con auténtica pasión añade vida a nuestras vidas.

No creo que Luis esté persiguiendo el triunfo. Es el triunfo el que lo persigue a él. En el nombre del Misterio.

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