No sé a ciencia cierta si el año que se va ha sido malo o peor. Desde luego, bueno sólo fue para los listos de siempre que controlan el poder del dinero –el único poder- , originan las crisis mundiales, se resarcen con millones del erario público y se retiran satisfechos a sus palacios de invierno forrados hasta los ojos. Para la mayoría, currantes casi todos a fin de cuentas, este año ha sido como mínimo cabroncete. Un año de vacas esqueléticas, cierres de empresas, desembarcos masivos en el desempleo, dramas familiares, broncas políticas, crispaciones prefabricadas, desprecio generalizado hacia la clase política. Un auténtico desastre. Menos mal que la gente normal tira p´alante, vive lo que puede, compra lo que le dejan, entrega sus tardes al espectáculo sin par de la recompuesta nariz de la Esteban, organiza con menos presupuesto la cena de Nochebuena (sustituyendo el discurso de siempre por la música de Spotify) y olvida la maldita palabra –crisis- que se ha hecho dueña y señora de todas las conversaciones: en la calle, en el mercado, en el bar, en los grandes almacenes. También, porqué no decirlo, la crisis se ha convertido en un burdo pretexto de empresarios desaprensivos que aprovechan el “pisuerguero” rio revuelto para quitarse de encima a cuantos más trabajadores mejor. Para el pelotón de los listos (sinvergüenzas, ineptos, ambiciosos, descerebrados y demagogos), cualquier tiempo es bueno, invierno o verano, escasez o abundancia; cualquier ocasión como la de estos años de crisis es idónea para vivir del engaño, para rechazar el talento e imponer la mediocridad y el egoísmo, para fastidiar lo que funcionaba, para trepar a precio de sangre, para dejar la tierra como la dejaba el caballo de Atila. Epoca propicia para bendecir disparates políticos desde cúpulas incompetentes. Es la crisis. La crisis de pensamiento, de sentido común, la crisis como causante de miserias y como argucia para engañabobos. ¿Quién se acuerda, en medio de tanta crisis, de los que de verdad la padecen, que son los desheredados de la vida? Ellos dependen de la caridad de la gente de a pie, porque los que van en limousine sólo practican la beneficencia televisiva. Por ese escenario no suelen aparecen los listos, ni en años desastrosos como 2009 ni en los que fueron los mejores años de nuestra vida.
El ranking de los grandes y trascendentales noticiones mundiales, desde las perspectivas sociales, culturales y políticas, lo sigue detentando 1968, que tuve la suerte de vivir intensamente en una redacción, y su década prodigiosa. No ha sido este de 2009 un año periodístico para enmarcarlo. La muerte de Michael Jackson, la pretendida, exagerada y no demostrada peligrosidad de la gripe “A”, la pertinacia del apagón económico, los sustos del cambio climático, el desastre total de Copenhague, donde quienes rigen el universo no fueron capaces de alcanzar ni siquiera un medio acuerdo para ir frenando muy poquito a poco el deterioro que terminará matándonos a todos; toda esa crónica de un año es poco balance si se tiene en cuenta cuánto dinero público se llevaron los grandes bancos (y sus grandes propietarios) después de que dilapidaran los ahorros de tanta y tanta gente de todo el mundo.
Seguramente el deporte y el espectáculo, el pan y circo, o sea, la tele, ha salvado, sicológicamente hablando, a quienes, sin tales alicientes, sólo tenían ante sí el panorama desgarrador de un desempleo que se agota o de un trabajo al que hay que decir adiós, de una hipoteca que no se puede atender o de una asfixiante economía doméstica que te obliga, como nunca había ocurrido, a rebuscar saldos entre los saldos para poder subsistir.
Para ser sólo una reflexión de finales de año, creo que me ha salido algo negrilla. No me importa. Ya hay quien se encarga, desde el atril de arriba, de asegurarnos por enésima vez que, definitivamente, esta maldición bíblica toca fondo, que empezamos a mejorar, que en unos meses estaremos arriba, que bla, bla, bla…
Además, los otros mensajes desde todo lo alto nos llegan con cierto olor a superficialidad. Algún lider, o lideresa, ha dicho sin sonrojarse que el año ha sido buenísimo para su partido, que no es precisamente el que gobierna. ¿Habrá pensado bien lo que decía o habrá dicho bien lo que pensaba? Que yo sepa, los únicos seres felices en 2009 han sido los millones de fans de la madre de Andreíta y los culés. Sobre todo, los culés.
(Artículo publicado en “La Opinión de Málaga”, domingo, 27 diciembre 2009)
Año culé! Eso ya no hay quien nos lo quite, Rafael…