Vuelva usted Mañana

Los humildes también ríen

En el lenguaje coloquial y callejero de hace años cuando nos referíamos a alguien que se quejaba sin razón o que utilizaba las quejas para ocultar lo bien que vivía, solíamos decir: “Hay que ver cómo llora este tío” . Los más llorones, claro, los que más tienen. O sea, que los ricos también lloran, pero sus lágrimas son de cocodrilo.

A estas alturas de la película, decidme quién se va a creer que los millonarios –vamos a dejar de llamarles ricos, porque ricos los hay de muchas cosas que no son dinero-; quien se traga, digo, que la gente podrida de euros esté dispuesta a pagar más impuestos de forma voluntaria… Eso es algo que va contra la lógica. Si son potentados es porque acumulan dinero, no porque lo regalen.

Nos venden el “interés” súbito de los propietarios de grandes fortunas en soltar la pasta a Hacienda, en pagar más impuestos. Sorprendente. Como si no supiéramos que, antes de soltar una pela, ya tendrán pensado cómo recuperarla con creces…Y más sorprendente aún el hecho de que los dos grandes partidos duden sobre si obligarles o no a colaborar con la crisis que pagamos los menos adinerados. ¿Quién lo entiende?

El “Club de empresarios”, en el que militan diecisiete de los más poderosos hombres de negocio y banqueros de España (y algunos del mundo) ha decidido formular, en conjunto, una propuesta al Gobierno para negociar que les apliquen un impuesto mayor al que ahora pagan. ¡Qué bonito.! Qué pedazo de acto solidario. Qué maravilla. Qué altruismo.

Todo empezó en Francia –todo empieza siempre en Francia- cuando un millonario le dijo a Sarkozy que él quería contribuir a paliar la crisis económica aportando parte de su dinero en forma de imposiciones fiscales. Otros colegas alemanes siguieron el ejemplo y se ofrecieron a la Merkel. Y, claro, surgió el orgullo español y salieron a la palestra nuestros grandes tiburones del dinero ofreciendo su dádiva al gobierno de turno.

Seguramente la decisión oficial que se tome no hará que se modifique la Constitución.

No está de más, en momentos de crisis, de angustias económicas, de dificultades para la clase trabajadora, que se produzcan noticias como ésta, que te hagan esbozar una sonrisa. Quizá no una carcajada, pero sí una sonrisa. Para que se demuestre que los pobres, los humildes, también ríen…

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