Vuelva usted Mañana

Los compinches del alcalde machista

Tras ser nombrada ministra, una mujer, por el simple hecho de serlo, se convirtió en diana de los asquerosos insultos proferidos por un tal León de la Riva, energúmeno que, además de retrógrado, es alcalde de Valladolid. A estas alturas ya nadie duda de que un patán ilustrado pueda ser alcalde de una ciudad importante. Marbella tuvo a otro elemento tan nocivo e insultón como este (y encima inculto), que fue votado elección tras elección, y cuyas barrabasadas aún estamos sufriendo veinte años después.

Que León de la Riva, que es como se llama el impresentable, es un mal educado y un repugnante machista, no admite dudas. Es evidente, público y notorio. La mayoría de los críticos y de las personas decentes, de todos los lados del arco político, han puesto el grito en el cielo para denunciar las groserías de este personaje que -¡quién lo diría!- resulta que es de profesión ginecólogo. Pero, en cambio, sí hay muchas dudas de que sus correligionarios, en bloque y empezando por Rajoy, lo reprueben públicamente y lo pongan de patitas en la calle, sin paños calientes y sin veladas justificaciones.

Las barbaridades pronunciadas por semejante especimen de la política contra Leire Pajin, una mujer cuyo único delito es acceder a un Ministerio, viene a confirmar lo que ya sabemos de sobra: que, aunque la derecha española es mayoritariamente civilizada y democrática, existe un sector rancio, poderoso, retrógrado, agresivo, heredero ideológico de las tesis franquistas, mimado y espoleado por ciertos grandes capitostes, que está metido ahí muy dentro y que no hay forma de desalojarlo, quizá porque representa un número de votos considerable. Gente a la que le es lícito campar libremente por el estiércol sin que nadie se atreva a llamarle la atención.

Se les ve el plumero a las primeras de cambio. No pueden ocultar su misoginia, su desprecio al papel que pueden desempeñar hoy día las mujeres, hasta el punto de que la mayoría de sus propias compañeras, Celia Villalobos, sin ir más lejos, les llama estúpidos y les planta cara (cuando es menester) hasta en los mismísimos escaños del Congreso. Ellos no soportan la igualdad. Pero ganan elecciones y, con ese mérito, justifican su derecho a no dejar títere con cabeza, sabiendo como saben que sus jefes sólo se atreverán a un disimulado tironcillo de orejas. No aceptan ninguna de las leyes progresistas dictadas en los últimos años, leyes que benefician a las minorías más perjudicadas históricamente, y que han hecho de nuestro país uno de los más avanzados en derechos humanos del mundo. Se tienen por dueños absolutos de la patria, a la que quisieran convertir en una gigantesca empresa privada, y nos consideran a los demás como unos advenedizos sin derecho alguno a pensar lo contrario a lo que ellos hacen. Han demostrado, y siguen demostrando, que son más partidarios de la guerra que de la paz, de la descalificación que del diálogo, de la ocultación que de la transparencia.

Este individuo, con una dilatada trayectoria política (lo que me da que pensar que, quizá por fortuna, no ejerce actualmente su especialidad), se ha permitido declarar, en un tono que él pretende irónico pero que en realidad es soez, que la nueva ministra de Sanidad, Política Social e Igualdad, Leire Pajín, es una “chica preparadísima, hábil, discreta, que va a repartir condones a diestro y siniestro por donde quiera que vaya y que va a ser la alegría de la huerta“, añadiendo que “cada vez que le veo la cara y esos morritos pienso lo mismo, pero no lo voy a contar aquí“. Y lo peor es que, cuando le han instado a rectificar (a obligarle quizá no se atreven), lejos de mostrar arrepentimiento, ha sido más duro en sus descalificaciones. Es lógico. Este machista se envalentona cuando los corifeos de su sector lo jalean en los medios de comunicación afines. Y es que a esta gente no les basta con hacer una crítica dura contra sus rivales políticos, lo que sería considerado como la lógica consecuencia de ejercer la labor de oposición. No. Tienen asumido, desde tiempo inmemorial, que el poder, por un don divino, les pertenece en propiedad y no pueden soportar que lo detenten otros que no sean ellos. Entonces renuncian a la lucha política y entran en la guerra del todo vale. Tienen que machacar a sus enemigos (no adversarios), ensañarse con ellos, desacreditarlos como personas, destruirlos y, si son mujeres, vejarlas, humillarlas y ridiculizarlas públicamente. Su premio es la sonrisa medio oculta de sus compinches.

(Artículo publicado en “La Opinión de Málaga”, domingo 24 de octubre 2010)

2 Respuestas to “Los compinches del alcalde machista”

  1. Delia dice:

    Me parece increíble que a estas alturas del “baile” sigamos con estas tonterías. Es evidente que la misoginia jamás desaparecerá, siempre habrá cavernícolas. Pero que un señor que ocupa un cargo público haga esa serie de comentarios, velados, pero obscenos… Me sigue dejando fría.
    Podemos estar más o menos de acuerdo con el papel político de Leire Pajín, pero insinuar determinadas cosas por el hecho de ser mujer… ¡Es alucinante! Su madre, si está viva, estará muy orgullosa del energúmeno que trajo al mundo.
    Si yo escuchará a mi hermano proferir semejantes sandeces, aunque tuviera cincuenta años y ostentase un cargo público, como el de marras, le daría una bofetada, a ver si así echaba cordura y madurez.

  2. Seta dice:

    No comprendo cómo algunas mujeres disculpan las impertinencias de tipos como De La Riva, y menos aun que gente como esta ocupe cargos públicos. Es incomprensible.

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