Vuelva usted Mañana

¡Loor al escribidor!

A quienes me gustan suelo llamarles “los míos”. Mario Vargas Llosa fue, desde que lo descubrí, uno de ellos, uno de los míos. Me atrapó con “Los cachorros”, me divirtió con “La tía Julia y el escribidor” y con “Pantaleón y las visitadoras” (nunca me reí tanto, y a carcajadas, leyendo unos libros), me dejó absolutamente impresionado con “La guerra del fin del mundo” y me convirtió al vargallosismo definitivo con las otras novelas que le he leído, no todas; tengo cosas pendientes.

Le acaban de dar el Nobel, pero sin tanta sorpresa. Hace unos días mi paisano y compañero periodista José Luis González Castillejo adelantaba en su muro de feisbú que la prensa sueca anunciaba, días atrás, que el Nobel sería para un “no europeo que habla español”, en clarísima alusión al escritor peruano. Sin embargo, cuando la Academia Sueca le dio la noticia ayer al propio laureado y a su mujer, Patricia, ninguno de los dos se lo creyó. Porque no lo esperaban. Creían que nunca le darían el Nobel.

Como modesto lector empedernido de todos los autores del llamado “boom” latinoamericano, yo también desconfiaba ya y pensaba que se cometería una grave injusticia porque Mario Vargas Llosas es un escritor enorme, prodigioso, extenso, intenso. Universal. Novela, teatro, ensayo. Y no estoy de acuerdo para nada con quienes, por cuestiones políticas, puedan cuestionar el mérito innegable de un creador inmenso e inagotable. El Nobel valora una obra literaria, que en este caso es tan variada, tan rica y diversa en su prosa y tan poderosa en su conjunto, que ha reunido los requisitos más exigentes e indispensables para alcanzar un puesto de honor en la nómina del más alto galardón literario del mundo. Y punto. ¡Quien puede dudar del talento de alguien que ha escrito “La ciudad y los perros”, “Conversaciones en la catedral”, “La casa verde”, “La fiesta del chivo”, “Travesuras de la niña mala”, etcétera etcétera…! En un apabullante alarde de imaginación, Mario ha recreado su propia vida en los libros y ha hecho de todos nosotros lo que sólo era de él. Y ha agrandado nuestro mundo sólo con el placer de leerlo. Y ha proyectado a los cinco continentes el alma y la vida de la América hispana.

A diferencia de García Márquez, de quien soy devoto especial porque es el primer escritor de “los mios”, Vargas Llosa ha necesitado de una obra continuada y brillantísima, pero sobre todo amplia y de empaque, para que, al fin, los suecos se decidan por él. Gabo, sin embargo, por estar bendecido con una magia especial, fue apuntado para el gran premio cuando publicó “Cien años de soledad”. Una sola novela lo catapultó al éxito mundial. A partir de ahí, fue cuestión de tiempo –tampoco de mucho tiempo: 1982- para que se vistiera con la guayabera y se plantara en Estocolmo a recoger el Nobel. Creo que ahora, en el fondo, aunque no lo reconozca públicamente, y pese a la pelea del año 1976 –pelea real, puñetazo de Mario a Gabo- que los distanció para siempre, estará contento porque su compadre tiene también el prestigioso Premio de la Academia Sueca.

Venir a estas alturas con criticas por determinadas expresiones, incursiones y opiniones políticas de Mario Vargas Llosas –la mayoría de las cuales yo tampoco tengo por qué compartir como no comparto algunas otras de García Márquez- y a partir de ahí cuestionar el merecidísimo galardón, sería meternos en un jardin del que costaría salir porque casi todos los grandes de todo lo grande guardan en su alma o en su almario secretos inconfesables, conocidos o sospechados. ¡Pero eso qué tiene que ver con que sean virtuosos de un arte! ¡Qué tiene ver con el brillo que, en el caso de este peruano, da a la Literatura universal! Qué tiene que ver con la grandeza que le añade a nuestra lengua, a la Lengua Española, que cuenta ya con once ganadores del Nobel!

¡Felicidades, Mario Vargas Llosa, por hacerme feliz con la lectura de tus libros! Y por tu Premio Nobel que te ha llegado, al fin, a tus 74 años. Tan merecidamente.

….
(Artículo publicado en el diario “La Opinión de Málaga” 8 octubre 2010)

Una respuesta to “¡Loor al escribidor!”

  1. Antonio R. dice:

    Siempre me he sentido afortunado por tener una familia que me enseñó desde pequeño a disfrutar de la lectura y comparto con ellos y con usted el reconocimiento a este magnifico escritor. Ahora iremos a por “El sueño del celta”.

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