Es como la moda de vestir. Ahora manda la mini, luego se imponen los tejidos fuertes, después domina lo negro. En Prensa, lo que se lleva ahora es atizarle al periodista, pegarle, matarle. Pero, en realidad, es lo que se ha llevado siempre, desde los tiempos de los césares: matar al mensajero que es quien porta las malas noticias.
Tres ejemplos de una tacada: un periodista de Canal Sur, Jesús Ruiz Castro, muere a causa de la paliza que le dieron en la Romería de Valme, en la localidad sevillana de Dos Hermanas. Estuvo quince días en coma. Y ahora se ha puesto en marcha la investigación para detener a los agresores. Otro caso de estos días: los periodistas Eduardo Martín, de la Cadena Ser, y Antonio Parreño, de Televisión Española, fueron agredidos a patadas y puñetazos por unos desalmados cuando cubrían un juicio contra siete activistas saharauis en Casablanca. La animadversión marroquí hacia la prensa española, en este caso, tiene su origen en unas desafortunadas declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos, Taleb Fassi Fihri, quien se permitió duras críticas contra el tratamiento informativo que damos en España a los temas del Sahara. Como si los periodistas, y quienes no son periodistas, no supiéramos qué es lo que ocurre en y con el Sáhara…
El otro caso, un tanto lejano en la geografía pero igual de cercano en las circunstancias, ha ocurrido en Moscú, donde el periodista Oleg Kashin, redactor del diario “Kommersant”, fue apaleado con saña hasta tener que ser hospitalizado con múltiples fracturas. Su delito: ser crítico con el poder establecido. Su castigo: una pierna rota, la mandíbula fracturada, conmoción cerebral y los dedos quebrados. Naturalmente, el gobierno ruso se apresura a decir que investigará los hechos hasta aclararlos. Hay una pista: la organización juvenil “Joven Guardia”, famosa por su oficialismo, advertía en un artículo de su página web: “Los periodistas traidores deben ser castigados”.
Este es el panorama, que no nos sorprende en absoluto. Al menos, este año no ha habido aqui Premios para el antiperiodismo. Qué bien…
Hay también ciertos periodistas nada comprometidos, o conprometidos con el poder establecido (o con el corazón) que no dejan de escalar y dar “buenas noticias” y ganar una pasta gansa…
Una verdad como un templo. A mi no me han dado ninguna paliza, afortunadamente, pero tengo que soportar constantes críticas de personas tan próximas a mí como mi novio. Que si los periodistas somos escoria, que si nos inventamos las noticias, que si estamos comprados por el poder… Ya ni le escucho, pero hay demasiada incultura en este país y todo el mundo espera que una misma noticia dé respuestas a todas las cuestiones sobre un asunto.
Señores y señoras, hay que buscar la diversidad, documentarse, porque somos muchos los que hacemos buen trabajo y se espera que nos lean.
Porque para saber, hay que leer.
Saludos.