El escribidor Pedro Camacho (“La tía Julia y el escribidor”) sigue siendo, sin duda, uno de los personajes más entrañables de Vargas Llosa: siempre comparándose al protagonista del relato que , en todos los casos, “era un hombre que había llegado a la flor de la edad, la cincuentena…” , que era la edad que él tenía.
Uno, no siempre con entusiasmo desmedido, se va adecuando a la edad que va cumpliendo. Y, en efecto, hay etapas en la vida en las que uno cree que es maduro total y que vive en la flor de la edad. Tu edad real es una y la que tú vives en realidad puede ser otra, de menos o de más años, según tu herencia genética y según lo que pongas de tu parte. Siempre he creído ser joven.Y seguiré creyéndolo.
Cumplir años te puede hacer involucionar de joven rebelde, dispuesto a cambiar el mundo, a maduro conservador que rechaza todo lo revolucionario, algo que ocurre con excesiva frecuencia, apenas el tiempo y las ataduras sociales van recortando los ideales y los ilusionantes proyectos juveniles, pero no siempre es así. Precisamente, los grandes gurús a los que tantos jóvenes siguen incondicionalmente (entre ellos, los “indignados”, fans de Stephane Hessel, autor de “Indignaos”) son viejos sabios (como José Luis Sampedro) que no dejaron de evolucionar y que, a estas alturas, ven la vida con amplia perspectiva y la predican en forma de vientos de libertad y ausencia de prejuicios.
A propósito de esta reflexión, una científica, Maria Blasco, directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, ha desarrollado un test para medir la “edad biológica”. Ella misma se lo ha aplicado y ha descubierto con gran felicidad que sus 41 años reales son, según su propio test, sólo veinticuatro años “biológicos”.
Con una gota de sangre puedes averiguar si eres más viejo o más joven de lo que dice tu carnet de identidad. Y también puedes averiguar qué peligros te acechan y cuánta vida posees. “Quien decida leer su ADN conocerá el propio riesgo de padecer cáncer, alzhéimer y otra docena de enfermedades”, asegura la prestigiosa investigadora, aunque todo dependerá, asegura, de quien haga e interprete la prueba.
Estamos llegando a unos niveles de conocimientos genéticos tan exactos que, de aquí a nada, podremos saber casi todo sobre nuestro futuro. Menos mal que el ADN no dice nada del presente y es en el presente cuando ocurren las cosas más inesperadas. (Esto parece una incongruencia, y quizá lo sea, pero la frase no queda mal.)
Hay quien no espera nada de la vida y de pronto se encuentra rodeado de felicidad. Y hay quien se pone a soñar con optimismo un futuro maravilloso y, súbitamente, le cortan todos los rollos y su vida se despeña hacia el lado más infeliz que menos podía imaginar. El consuelo siempre permanece en la frase de Camacho, el escribidor de Mario Vargas Llosa: “era un hombre que había llegado a la flor de la edad…”
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(En la foto, el joven Varguitas con su tía y esposa Julia. Falta el escribidor.)
Muy buenas, Rafael:
No me parece una incongruencia lo de creer que: “Es en el presente donde ocurre lo inesperado”, porque nos obcecamos en adivinar, planificar y construir un futuro que no existe, y en el proceso no estamos pendientes del trayecto.
Un saludo y un placer como siempre pasar por aquí.
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Hombre, está claro que una cosa es la edad biológica y otra la real. Es admirable ver jóvenes de espíritu a pesar de la edad real. Interesante artículo.