Nunca como ahora se ha usado y abusado tanto de la palabra solidaridad. Se nos llena la boca. ¡Solidaridad, oh, hermoso concepto! Sirve para todo y para todos, para el combate social contra cuestiones injustas, para pobres, para ricos. Un auténtico descubrimiento la palabra solidaridad, que pareciera recién inventada por los adoradores de lo políticamente correcto. Como si nunca hubiera existido.
¡Fuera la palabra caridad, que es paternalista, lastimosa, religiosa, penosa! ¡Fuera la palabra humanidad, que es arcaica! ¡Fuera la palabra sensibilidad, que es debilucha y se presta a confusión! No debemos ser caritativos ni humanitarios ni sensibles. Tenemos la obligación de ser solidarios porque ser solidarios es lo que se lleva y su simple enunciación nos tranquiliza la conciencia. Es la palabra adecuada para despachar una situación engorrosa que pueda producirnos molestias desagradables.
Hago esta reflexión cargada de ironía y rabia a propósito de una nueva noticia, la enésima, sobre la llegada a nuestras costas de las pateras de la desesperación, Cincuenta y siete inmigrantes subsaharianos a bordo de una pequeñísima barquita fueron rescatados por la Guardia Civil a diez millas de Tarifa. Viajaban 17 mujeres, una de ellas embarazada de siete meses; también ocho menores y algunos bebés. Un auténtico horror, que se une al de otras noticias aún más trágicas con naufragios, ahogados y desaparecidos.
He oído, y me ha gustado, la voz valiente del defensor del pueblo andaluz cuando, refiriéndose a este nuevo episodio de dolor, ha clamado con contundencia por la falta de sensibilidad que se ha apoderado de nuestra sociedad. ¿Qué más tiene que ocurrir para que nos plantemos todos? ¿Será posible que noticias como estas produzcan indiferencia generalizada? ¿Sociedad del bienestar? ¿De qué bienestar?
Estas terribles y duras imágenes de dolor y desesperanza de una gente desgraciada que tuvo la mala suerte de nacer en el lugar equivocado y tener que ir a buscar el pan jugándose la vida, ¿no son suficientes para rescatar algunos de los valores del ser humano?, ¿no merecen un pensamiento que nos haga salir, por un instante, del vacío y la hipocresía de este primer mundo tan inhumano?
Estamos tan anestesiados ante estos dramas que ya ni siquiera la imagen de un bebé frágil, deshidratado y con una mirada que te taladra los ojos, nos impresiona. Qué pena de raza ¿humana?