Al igual que tantos lectores horrorizados, llegué a pensar, ingenuamente, que el escándalo que ha montado el repulsivo Sostres, colaborador de “El Mundo” y “Tele Madrid,” escribiendo un miserable artículo, sería objeto de repulsa general, de desprecio colectivo y, que, con toda seguridad, el tal individuo sería despedido por el atirantado director del periódico que lo sostiene y le paga y por la tele autonómica que le da realce e imagen.
El infame articulista escribía, muy convencido, que el rumano que estranguló a su pareja embarazada y que mostró su cadáver por una webcam, teniendo previsto, además, asesinar también a su hija pequeña, salvada in extremis, “no es un monstruo”, sino “un chico normal que se rompió por donde todos podemos rompernos”·, añadiendo que “…hay muchas formas de violencia y es atroz la violencia que el chico recibió al saber que iban a dejarle y que el niño que creía esperar no era suyo. No te causa la muerte física –sigue afirmando el detestable columnista-, pero te mata por dentro y aquel dia algo de ti muere para siempre”. Al hacer el panegírico del asesino, del que se compadece y al que casi justifica, el “escritor” despreció totalmente a la joven asesinada, al hijo que llevaba en su vientre, al dolor que quedará en la familia, al horror y ensañamiento del crimen. Eso no importa. Lo que importa es el morbazo de este ruin personaje que vive de la carroña, alimento esencial para un tipo determinado de gente que aplaude con babas estos artículos.
Ni estas expresiones fascistas, ni otras muchas que sigue produciendo el tal Sostres (hablar impúdicamente delante de niños en un plató televisivo, elogiar que los europarlamentarios vuelven en primera clase, etc.) han sido suficientes para que la opinión social de lectores e internautas sea unánime. Ni para que lo dejen fuera de unos medios de comunicación que pretenden ser serios, rigurosos y no amarillistas. Centenares de comentarios a esas noticias dan la razón a este curioso tipo que aspira a la gloria por los senderos de la infamia y la bajeza.
Al final, todo es negocio. Todo es libertad de expresión. ¿Libertad de expresión? ¡Cuántos crímenes se cometen en tu nombre!
No creo que pudiésemos llegar a calificar a este individuo como fascista, ya que dudo que tenga idea alguna de lo que es el Fascismo.
Este individuo no es más un oportunista carroñero que se muestra “contracorriente” para llamar la atención y generarse un aura de importancia, para los grupos que siguen y aplauden a dicho personaje.
Aunque no se porque hemos de alarmármos ya que este es solo 1 caso más de los cientos que pululan por los distintos medios. ¿Quién es el verdadero culpable de esto y hace que se perpetúe?
Pues el consumidor. Mientras haya una audiencia que demande a personajes como estos, mucho me temo que día tras día nos veremos “bendecidos” con nuevos carroñeros.
Un saludo