La Prensa ya no es lo que era

La Prensa ya no es lo que era

Si la Prensa de ahora fuera como la de antes no se hubieran atrevido a tanto quienes acaban de anunciarnos el mayor destrozo de la historia, la más punzante de las puñaladas, al estado del bienestar que disfrutábamos y que nos había costado treinta años de espera y otros cuarenta de dictadura. En tal caso, ni el gobierno torpe de los socialistas, causante de la gran negligencia que los puede mantener en la reserva india unos cuantos años, ni el gobierno mentiroso de los populares que fraguaron el engaño electoral más clamoroso de la historia, nos hubieran metido tan fácilmente en la situación crítica de un país intervenido, gobernado con mando a distancia desde Bruselas, empobrecido y a punto de saltar por los aires. En tal caso, no habrían sesgado de un tajo la sonrisa feliz del fútbol que era lo último que nos quedaba. Y no necesariamente me refiero a tiempos en los que el inmenso poder de magnates periodísticos llegaba a la perversidad, como ocurrió con el avieso Joseph Pulitzer (que tranquilizaría finalmente su conciencia con la creación de sus prestigiosos Premios) o como su gran rival, el maquiavélico William Randolph Hearts, que luchaban por la primacía de sus imperios y entre los dos, pero uno más que el otro (el famoso “Ciudadano Kane”) nos hicieron perder Cuba y nuestras últimas colonias echándonos a guerrear con Estados Unidos para vender muchos periódicos y obtener influencias económicas. Tampoco tendría porqué referirme a época más reciente y edificante, en la que dos jóvenes periodistas del “The Washington Post” investigaron el Caso Watergate hasta culminarlo, en un glorioso momento periodístico, con la dimisión del tramposo Richard Nixon, presidente de la nación más poderosa del mundo.

También podría marcar como referente a una Prensa indómita, brava, como fue, por ejemplo, la de los años que nos trajeron la democracia, Con aquel “cuarto poder” estoy seguro de que a estas alturas no estaríamos perdiendo a chorros logros sociales ni estarían machacando la sanidad y la educación pública para privatizarla a favor de los que esperan frotándose las manos. Ni estaría aumentado el paro de manera escalofriante. Ni estarían maltratando y humillando a los funcionarios que, por si este gobierno no lo sabe (como ignora tantas cosas), son quienes hacen funcionar a España: técnicos e inspectores bien preparados, médicos capacitados, investigadores avezados, valientes y democráticos policías, abnegados bomberos, brillantes profesores, expertos abogados, prestigiosos ingenieros y arquitectos, especialistas, obreros cualificados… ¿o es que todavía los traiciona el subconsciente de su obsesión por la vuelta al pasado y creen que funcionario es sinónimo de decimonónico chupatintas de ventanilla?

Si la Prensa de ahora fuera como la de antes, y los sindicatos de ahora fueran como los de antes, este gobierno gobernado no martirizaría a las clases populares, suprimiendo pagas de Navidad, dejando fuera del compromiso solidario a los propietarios de grandes fortunas y a las grandes propiedades de la iglesia, cercenando las mínimas posibilidades de supervivencia de los parados de medio plazo, privando de ayuda a los dependientes discapacitados, haciendo pagar medicinas a los pensionistas, poniendo bajo sospecha el Estado de las Autonomías, achicando a tope la participación política. ¡Quieren volver al estado pre constitucional! Y ya no se esconden para decirlo. “¡Que se jodan!”, grita en el Congreso Andrea Fabra, la diputada pepera hija del inefable Carlos Fabra, refiriéndose al recorte de prestaciones por desempleo que anuncia Rajoy.

Si la Prensa de ahora fuera como la de antes, y los indignados fueran de verdad, no habríamos perdido la esperanza de equilibrar la batalla entre este gobierno de raros orígenes, sumiso con Merkel y sus tecnócratas, partidario obseso de transmutar España mediante crueles tajos sangrientos, y la mayoría todavía silenciosa que piensan en una fórmula más justa en la que nadie escapa al sacrificio y en la que los estímulos de crecimiento económico –como en Estados Unidos, Francia o Reino Unido- prevalecen sobre los recortes a la hora de recuperar empleo.

Si la Prensa de ahora fuera como la de antes… Pero ya nada es como antes. Echar gente a la calle es un regalo de Rajoy a los empresarios, también a los de Prensa. Mientras tanto, el Periodismo, que es otra cosa, se debate entre overbooking e intrusismo, en tanto los buenos periodistas se alojan gratuitamente en blogs propios o ajenos. O lanzan twits a sus seguidores. ¿Volverá nuestra Prensa algún dia a ser lo que fue? ¿Y España?

(Artículo publicado en el diario “La Opinión de Málaga“, domingo, 15 julio 2012)

3 Comments

  1. Todavía hay periodistas audaces y valientes, lo que no hay ahora son empresarios dispuestos a plantar cara al Gobierno. Es lógico también. No está la cosa como para renunciar a una migaja de subvención oficial. Y si no hay empresarios impulsivos, no puede haber tantos periodistas aguerridos como había años atrás.

  2. ¿Y nosotros, querido Rafi?
    ¿Volveremos nosotros alguna vez a ser quienes fuimos, lo que representábamos, por lo que luchábamos…?
    Se nos murió el honor, de tanto usurparlo…
    Un gran abrazo, amigo.

  3. El mundo es ahora de los suavones. Nunca aprendí a serlo. Así me va.

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